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Seduciendo con el Tri Fold Presentation Board

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Seduciendo con el Tri Fold Presentation Board

Estaba en mi pequeño departamento en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas, iluminando el desmadre de papeles y fotos pegadas en mi tri fold presentation board. Mañana era la expo de proyectos en la uni, y yo, Ana, neta que andaba hasta la madre organizando mi pinche presentación sobre diseño gráfico. El aire olía a café recién hecho y a mi perfume de vainilla que se mezclaba con el sudor ligero de las horas de trabajo. Me estiré, sintiendo cómo mi blusa se pegaba a la piel por el calor, y mis jeans ajustados marcaban cada curva de mis caderas.

De repente, la puerta se abrió y entró Marco, mi carnalito desde hace un año, con esa sonrisa pícara que siempre me hace derretir. Llevaba una camiseta negra que se le ajustaba al pecho marcado y unos chinos que dejaban ver lo bien puesto que estaba. Órale, wey, ¿qué pedo con ese cuerpazo? pensé, mientras mi mirada bajaba directo a su entrepierna, imaginando ya lo que escondía.

¡Ey, morra! ¿Ya terminaste con esa chingadera? —dijo él, acercándose con pasos firmes, su voz grave retumbando en el cuarto como un tambor que aceleraba mi pulso.

Me volteé, riendo. —Neta no, pendejo. Ayúdame con el tri fold presentation board, anda.

Se paró detrás de mí, tan cerca que sentí el calor de su cuerpo envolviéndome, su aliento fresco de menta rozando mi cuello. Sus manos grandes se posaron en mis hombros, masajeando suave, y un escalofrío me recorrió la espalda.

¿Por qué carajos siempre me prende tan rápido este wey?
El roce de sus dedos era eléctrico, bajando despacio por mis brazos hasta llegar a las manos que sostenían las tijeras.

Empezamos a pegar las imágenes: en el panel izquierdo, mis diseños de logos sensuales, curvas que evocaban cuerpos desnudos; el central, tipografías fluidas como lenguas entrelazadas; y el derecho, mockups de campañas publicitarias con toques provocativos. Cada vez que Marco se inclinaba para alinear algo, su pecho rozaba mi espalda, y yo sentía su verga endureciéndose contra mis nalgas. El olor de su colonia amaderada se mezclaba con el mío, creando un aroma embriagador que me hacía mojarme entre las piernas.

Mira este panel, ¿no te da unas ideas calientes? —murmuró él al oído, su voz ronca como terciopelo raspado.

Me giré despacio, nuestros rostros a centímetros. Sus ojos cafés brillaban con deseo puro, y sin pensarlo, nuestros labios se encontraron. Fue un beso lento al principio, saboreando el sabor salado de su piel, sus lenguas danzando con hambre creciente. Sus manos bajaron a mi cintura, apretándome contra él, y gemí bajito sintiendo su dureza presionando mi vientre.

Nos separamos jadeando, pero la tensión ya era un volcán. Esto no va a parar aquí, pensé, mientras él me cargaba hasta la mesa donde estaba el tri fold presentation board semi-armado. Lo recostó con cuidado, pero yo lo jalé de la camisa, arrancándosela de un tirón. Su torso desnudo relucía bajo la luz, músculos tensos, pezones duros invitándome a morderlos.

Usemos el tri fold presentation board para algo chingón —propuse, con la voz temblorosa de excitación. Abrí el panel izquierdo, pegando una foto mía en lencería roja que había impreso de broma. —Primera presentación: mis curvas listas para ti.

Marco gruñó, sus manos desabotonando mi blusa con urgencia. La tela cayó, revelando mis tetas libres bajo el brasier de encaje. Me besó el cuello, bajando a lamer mis pezones, succionándolos con fuerza que me hacía arquear la espalda. El sonido de su boca chupando era húmedo, obsceno, y yo olía mi propia excitación subiendo, ese aroma almizclado que lo volvía loco.

Desdoblé el panel central, colocando ahí una nota escrita a mano: "Tócame aquí, cabrón", apuntando a mi concha. Él rio bajito, desabrochándome los jeans y metiendo la mano dentro de mis calzones empapados. Sus dedos gruesos rozaron mi clítoris hinchado, circulando despacio, y yo grité de placer, mis jugos cubriéndolo todo. Neta, qué chido se siente su roce áspero, pensé, mientras mi cuerpo temblaba, el corazón latiéndome en la garganta.

Estás chorreando, mi reina —susurró, introduciendo dos dedos adentro, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Bombeaba lento, torturándome, mientras yo le bajaba el cierre y liberaba su verga gruesa, venosa, palpitando en mi mano. La piel era suave como seda caliente, el prepucio retráctil dejando ver el glande morado de tanto deseo. La apreté, masturbándolo firme, sintiendo cómo latía contra mi palma sudorosa.

El panel derecho lo abrí yo misma, pegando una imagen de nosotros follando la vez pasada. —Última diapositiva: fóllame ya. Marco no esperó más. Me volteó boca abajo sobre el tri fold presentation board, que crujió bajo nuestro peso, las imágenes vibrando con cada embestida que daba contra mi culo desnudo. Me bajó los calzones hasta las rodillas, y sentí la punta de su verga rozando mi entrada húmeda, untándose de mis fluidos.

Entró de un solo empujón, llenándome por completo. ¡Ay, cabrón, qué grande la tienes! El estiramiento ardía delicioso, sus bolas golpeando mi clítoris con cada estocada profunda. El cuarto se llenó de slap-slap de carne contra carne, gemidos míos roncos y sus gruñidos animales. Sudábamos a chorros, el olor a sexo crudo impregnando todo, su sudor goteando en mi espalda mientras me cogía más duro, mis tetas rebotando contra el cartón del board.

Me volteó de nuevo, piernas abiertas en V sobre el tri fold presentation board ahora arrugado y manchado de nuestros jugos. Nuestros ojos se clavaron, y ahí vi el amor mezclado con lujuria pura. —Te amo, pinche loca —jadeó, mientras yo clavaba las uñas en su culo, urgiéndolo más adentro.

La tensión crecía como una ola imparable. Sus embestidas se aceleraron, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, ordeñándolo. Sentí el orgasmo venir, un fuego subiendo desde el estómago, explotando en temblores violentos. Grité su nombre, mordiéndome el labio hasta saborear sangre, mientras él se corría dentro, chorros calientes inundándome, su semen goteando por mis muslos.

Colapsamos juntos sobre el tri fold presentation board destrozado, respiraciones entrecortadas sincronizándose. Su peso sobre mí era reconfortante, su verga aún semidura dentro, pulsando suave. Besos perezosos en mi frente, sus dedos acariciando mi pelo revuelto. El aire olía a semen, sudor y victoria compartida.

¿Y tu presentación? —bromeó él al rato, riendo contra mi piel.

Que se vayan a la chingada. Esta fue la mejor expo de mi vida, respondí, acurrucándome en su pecho. En ese momento, supe que nuestro amor era como ese tri fold presentation board: capas que se desplegaban revelando pasiones infinitas, listas para más aventuras. Mañana armaría otro, pero esta noche, solo éramos nosotros, envueltos en el afterglow de un placer inolvidable.

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