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Mi Try On Haul Thong Ardiente

7865 palabras

Mi Try On Haul Thong Ardiente

Te paras frente al espejo del clóset en tu depa chido de la Condesa, el sol de la tarde colándose por las cortinas blancas y bañando todo en un glow dorado. Acabas de abrir el paquete que llegó de la tiendita en línea, y ahí están: cinco thongs nuevos, cada uno más pinche sexy que el anterior. Rojo fuego, negro encaje, blanco casi transparente, verde esmeralda y uno morado con brillitos. Tu corazón late más rápido mientras piensas en Alejandro, tu carnal que está en la sala viendo la tele.

¿Y si lo llamo pa que vea mi try on haul thong? Neta, se va a volver loco.
Sonríes con picardía, sientes el cosquilleo en la piel de la anticipación.

¡Ale, wey, ven pa cá! —gritas con esa voz juguetona que sabes que lo enciende.

Él aparece en la puerta, alto, moreno, con esa playera ajustada que marca sus músculos del gym. Sus ojos cafés se abren como platos al verte en bra y shorts diminutos, el paquete desparramado en la cama king size.

—¿Qué onda, nena? ¿Qué traes ahí? —pregunta con esa sonrisa pícara, recargándose en el marco.

—Mi try on haul thong, pendejo. Siéntate y échale ojo, que te voy a modelar toooodos —dices, guiñándole el ojo mientras agarras el primero, el rojo fuego de tiro alto.

Alejandro se acomoda en la orilla de la cama, sus jeans ajustados ya mostrando un bulto prometedor. El aire huele a tu perfume de vainilla y jazmín, mezclado con el leve aroma de su colonia cítrica. Te quitas los shorts despacio, dejando que sienta la brisa del ventilador en tus muslos suaves. El thong rojo se desliza por tus piernas depiladas, el elástico mordiendo juguetón tu piel. Te lo acomodas, el hilo dental hundiéndose delicioso entre tus nalgas firmes, la tela suave rozando tu sexo ya húmedo.

Te giras frente al espejo, arqueando la espalda pa que resalte tu culo redondo. El sonido de su respiración pesada llena la habitación, como un ronroneo grave.

¿Qué tal, carnal? ¿Te late? —preguntas, meneando las caderas lento, el rojo contrastando con tu piel canela.

Mamita, estás pa comerte cruda —murmura él, su voz ronca, pasando la lengua por los labios. Sientes su mirada quemándote la piel, como caricias invisibles.

El segundo, el negro de encaje. Te lo pones con ceremonia, el encaje raspando suave tus sensibles pliegues. Das una vuelta, el sonido del piso de madera crujiendo bajo tus pies descalzos. Alejandro se acomoda, su mano rozando su entrepierna disimuladamente.

Neta, ya lo tengo chorreando. Pero agárrate, que esto apenas empieza.
El olor a excitación empieza a flotar, salado y dulce, como el mar en Verano.

—Échate pa atrás, wey, que viene el blanco —dices, riendo bajito. Este es casi see-through, la tela fina pegándose a tu humedad creciente. Tus pezones se marcan duros contra el bra, y cuando te agachas pa ajustar el thong, sientes el aire fresco lamiendo tu entrada expuesta. Alejandro gime, un sonido gutural que vibra en tu clítoris.

—Nena, no mames... ven pa cá —suplica, extendiendo la mano.

Pero niegas con la cabeza, picarona. —Aún no, pendejo. Falta el verde. —El verde esmeralda brilla como tus ojos, el material satinado deslizándose como seda sobre tu piel caliente. Te sientas en la cama a su lado, cruzando las piernas pa que vea el camel toe sutil. Su mano grande cae en tu muslo, el calor de su palma enviando chispas directo a tu centro. Lo miras, sus pupilas dilatadas, el sudor perlando su frente.

El toque es eléctrico, su pulgar trazando círculos lentos, subiendo peligroso. El aroma de su arousal se mezcla con el tuyo, espeso y embriagador. Pinche tentación, piensas, mordiéndote el labio mientras sientes tu humedad empapando el thong.

—Uno más, Ale. El morado con brillitos —susurras, levantándote con piernas temblorosas. Te lo pones de espaldas a él, doblándote pa que vea todo: el arco de tu espalda, el vaivén de tus nalgas, el hilo desapareciendo. Cuando te giras, él ya no aguanta. Se para de un brinco, sus brazos rodeándote fuerte, su erección dura presionando contra tu vientre.

—Ya valió, nena. No mames más —gruñe en tu oído, su aliento caliente oliendo a menta y deseo.

Sus labios caen sobre los tuyos, un beso hambriento, lenguas enredándose con sabor a café y pasión. Sus manos bajan, amasando tu culo a través del thong morado, los brillitos raspando delicioso. Gimes en su boca, el sonido ahogado vibrando entre ustedes. Lo empujas hacia la cama, trepándote encima, tus rodillas hincándose en el colchón suave. El cuarto huele a sexo inminente, el ventilador zumbando como un testigo cómplice.

Te frotas contra él, el thong empapado deslizándose sobre la tela tensa de sus jeans. Sus manos suben, desabrochando tu bra con dedos ansiosos. Tus tetas saltan libres, pezones duros rozando su pecho.

Qué chido se siente su piel contra la mía, salada y firme.
Él lame tu cuello, mordisqueando suave, enviando ondas de placer directo a tu útero.

—Quítamelo, Ale —suplicas, arqueándote. Él obedece, jalando el thong con un shhh rasposo, exponiendo tu sexo hinchado y brillante. El aire fresco besa tu clítoris, y gimes fuerte. Sus dedos exploran, dos gruesos hundiéndose en tu calor húmedo, curvándose justo ahí, en ese punto que te hace ver estrellas. El sonido obsceno de tu jugo chorreando llena el aire, chap chap chap.

—Estás mojadísima, wey —dice él, embistiendo sus dedos, su pulgar girando en tu botón. Tus caderas bailan solas, persiguiendo el roce, el olor almizclado de tu excitación envolviéndolos.

No aguantas más. Bajas sus jeans y bóxers de un tirón, su verga saltando libre: gruesa, venosa, la cabeza roja goteando pre-semen. La agarras, piel aterciopelada sobre acero, latiendo en tu puño. Él gime, un animal herido, mientras te posicionas. Bajas despacio, el glande abriendo tus labios, estirándote delicioso. Pinche llenura, piensas, el ardor dulce convirtiéndose en éxtasis puro.

Cabalgas lento al principio, el colchón crujiendo rítmicamente, tus tetas rebotando con cada bajada. Sus manos en tus caderas guían, uñas clavándose leve, marcando. Aceleras, piel chocando contra piel con plaf plaf, sudor resbalando entre cuerpos. Él se incorpora, mamando tus pezones, dientes rozando, lengua girando. El placer sube como marea, tu clítoris frotándose contra su pubis.

¡Más fuerte, carnal! ¡Dame todo! —gritas, perdida en el fuego.

Él voltea las posiciones, poniéndote de rodillas, el espejo reflejando todo: tu cara de puta en calor, su espalda musculosa embistiendo. Entra de nuevo, profundo, sus bolas golpeando tu clítoris. Cada estocada manda ondas, el cuarto girando. Sientes el orgasmo construyéndose, un nudo apretado en tu vientre.

—Me vengo, nena... contigo —jadea él, acelerando, su verga hinchándose dentro.

Explotas primero, un grito rasgando el aire, paredes convulsionando alrededor de él, jugos chorreando por tus muslos. Él ruge, llenándote con chorros calientes, pulsando, colapsando sobre tu espalda.

Se quedan así, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. El sol se pone, tiñendo todo de rosa. Él sale despacio, un hilo de semen conectándolos aún. Te voltea, besándote tierno, su mano acariciando tu mejilla.

El mejor try on haul thong de mi vida, wey —dices riendo, acurrucándote en su pecho.

—Y ni hemos terminado los otros cuatro —responde él, guiñando, mientras el aroma de su unión persiste, prometiendo más rondas.

En ese momento, sientes una paz chida, empoderada, sabiendo que tu cuerpo y deseo mandan. El afterglow los envuelve como una cobija suave, listos pa lo que venga.

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