Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Agente en Triada Ecologica Agente en Triada Ecologica

Agente en Triada Ecologica

6152 palabras

Agente en Triada Ecologica

El sol se colaba entre las hojas gigantes de la selva chiapaneca, pintando rayos dorados sobre mi piel morena. Yo, Carla, agente ecológica del reserva natural, caminaba con mi mochila al hombro, el aire húmedo pegándose a mi camiseta ajustada como un amante ansioso. Chingado, qué calor, pensé, mientras el sudor me resbalaba por el escote, haciendo que mis tetas se marcaran más. Llevaba años patrullando estos lares, cuidando la triada ecológica: el agente, el huésped y el ambiente. Pero hoy, algo en el aire se sentía diferente, como si la selva misma estuviera en celo.

De repente, voces. Dos weyes saliendo de un claro: Marco, un biólogo alto y fibroso con ojos verdes que gritaban aventura, y Luis, un guía local moreno, musculoso, con esa sonrisa pícara que te hace mojar de solo verla. Estaban acampando ilegalmente, pero en vez de multarlos, sentí un cosquilleo en el vientre.

¿Y si los invito a mi triada? No la ecológica... una más carnal
, me dije, mordiéndome el labio.

"Órale, agente, ¿nos va a correr?", preguntó Marco con voz ronca, limpiándose el sudor de la frente. Su camisa abierta dejaba ver un pecho velludo que olía a tierra y hombre. Luis se acercó, su aroma a madera quemada invadiéndome. "Tranquila, carnala, solo exploramos". Mi pulso se aceleró. Les expliqué la triada ecológica mientras les pedía que recogieran su basura: "El agente soy yo, vigilando; ustedes los huéspedes intrusos, y esta selva el ambiente que todo une". Pero mis ojos se clavaban en sus entrepiernas abultadas por el calor.

La tensión creció como la niebla matutina. Los invité a mi campamento fijo, un claro con palmera y río cerca. "Vengan, les enseño cómo respetar la triada de verdad". Caminamos juntos, sus cuerpos rozándome accidentalmente: el brazo de Marco contra mi nalga, la mano de Luis en mi cintura. Pinche selva, me estás poniendo caliente. Al llegar, saqué chelas frías de mi hielera. Brindamos, el vidrio helado contrastando con mi piel ardiente. Hablamos de la vida, de cómo la selva nos conecta. Marco me miró fijo: "Tú eres el agente perfecto, Carla. Fuerte, sexy". Luis asintió: "Sí, wey, con esas curvas que la selva te dio".

El sol bajó, el cielo se tiñó de rojo sangre. Encendí la fogata, las chispas danzando como mis nervios. Nos sentamos cerca, piernas tocándose. Sentí el calor de sus cuerpos, el crujir de las hojas bajo nosotros. Marco me pasó un brazo por los hombros, su aliento cálido en mi cuello. "Cuéntanos más de esa triada", murmuró. Yo, con la voz temblorosa, expliqué: "El agente inicia, el huésped recibe, el ambiente los envuelve". Luis rio bajito: "Suena a nosotros tres". Mi coño palpitó.

Ya valió, los quiero ya
.

Empecé yo, el agente. Me volteé y besé a Marco, su boca sabiendo a cerveza y selva salvaje. Lenguas enredadas, húmedas, chupando como si fuéramos frutas maduras. Luis no se quedó atrás; sus manos grandes me amasaron las tetas por encima de la blusa, pezones endureciéndose al toque. "¡Ay, cabrones, qué chido!", gemí. Me quitaron la camiseta, exponiendo mis chichis firmes al aire fresco de la noche. El sonido del río cercanos se mezclaba con nuestros jadeos, grillos cantando nuestro ritmo.

Escaló rápido. Marco me bajó los shorts, sus dedos explorando mi tanga empapada. "Estás chorreando, agente", gruñó, oliendo mi excitación almizclada. Luis se desabrochó los pantalones, sacando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en mi mano, piel suave sobre acero duro, el olor salado subiéndome a la nariz. La chupé despacio, lengua rodeando el glande, saboreando el pre-semen salado mientras Marco me lamía el clítoris, su barba raspándome delicioso. Pinche paraíso. Gemí alrededor de la polla de Luis, vibraciones que lo hicieron jadear: "¡Sigue, nena, trágatela!".

La noche nos envolvió como el ambiente de la triada. Me puse a cuatro, la tierra húmeda bajo mis rodillas, olor a musgo y sudor. Marco entró por detrás, su verga llenándome de golpe, estirándome hasta el fondo. "¡Chingado, qué prieta!", rugió, embistiéndome con ritmo selvático, piel chocando con palmadas húmedas. Luis frente a mí, follando mi boca, bolas golpeándome la barbilla. Sentía todo: el estirón ardiente en mi chocha, el sabor varonil en mi garganta, el viento fresco en mi espalda arqueada. Mis tetas rebotaban, pezones rozando el aire, pulsos latiendo en oídos como tambores mayas.

Pero queríamos más equilibrio. Cambiamos: yo encima de Luis, cabalgándolo lento al principio, su verga tocando mi cervix con cada bajada. "¡Muévete, agente, cabalga esa verga!", urgió él, manos en mis caderas, uñas clavándose leve. Marco detrás, untando saliva en mi ano.

¿Anal? Sí, wey, dame
. Entró despacio, el ardor inicial convirtiéndose en éxtasis lleno. Doblemente penetrada, gritaba: "¡Sí, cabrones, fóllanme en la triada!". Sus vergas rozándose dentro de mí a través de la delgada pared, fricción infernal. Sudor chorreando, mezclado con jugos, olor a sexo crudo invadiendo el claro. El fuego crepitaba, iluminando nuestros cuerpos entrelazados, sombras danzando como espíritus antiguos.

La intensidad subió. Marco aceleró, "Me vengo, Carla", gruñendo como jaguar. Luis debajo: "Yo también, aprieta esa chocha". Yo primero, orgasmo explotando como tormenta: coño contrayéndose, chorros mojando a Luis, grito rasgando la noche. Ellos siguieron, semen caliente llenándome ano y útero, chorros pulsantes que sentí derramarse. Colapsamos en un enredo sudoroso, respiraciones jadeantes, piel pegajosa. El río susurraba aprobación, estrellas testigos.

En el afterglow, yacimos sobre la manta, manos acariciando perezosas. Marco besó mi hombro: "Eres la mejor agente". Luis: "Nuestra triada ecológica perfecta". Reí bajito, saboreando el eco de sus sabores en mi boca. La selva nos unió, y qué chingón fue. Mañana los multaría juguetona, pero esta noche, éramos agente, huésped y ambiente en armonía carnal. La selva olía a nosotros, prometiendo más aventuras.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.