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Mis Trios con NegrosXXX Inolvidables

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Mis Trios con NegrosXXX Inolvidables

Estaba en Playa del Carmen, en ese chido beach club que todos los fines de semana se arma la fiesta más perra. El sol ya se había escondido, pero el calor seguía pegando duro, y el aire olía a sal, coco y sudor mezclado con perfume caro. Yo, Ana, con mi vestido rojo ceñidito que me hacía ver como diosa, bailaba sola al ritmo de reggaetón, sintiendo cómo el bass me vibraba en el pecho. Neta, andaba con ganas de aventura, de algo que me sacara de la rutina de mi curro en Cancún.

De repente, los vi. Dos morenos altísimos, musculosos como jugadores de fut, con sonrisas blancas que brillaban bajo las luces neón. Jamal y Marcus, se llamaban, güeyes de Estados Unidos en vacaciones. Jamal traía dreads sueltos y una playera que le marcaba los pectorales, Marcus rapado y con tatuajes que asomaban por las mangas. Me miraron fijo mientras bailaba, y sentí un cosquilleo en la piel, como si el aire se cargara de electricidad. Órale, estos dos están cañones, pensé, y sin pensarlo dos veces, me acerqué con una cerveza en la mano.

"¿Qué onda, guapos? ¿Vienen a conquistar México o qué?", les solté con mi mejor sonrisa pícara. Se rieron, con esa risa grave que me erizó la nuca. Jamal se acercó primero, su mano grande rozando mi brazo, oliendo a colonia fresca y algo más salvaje, como almizcle puro. "Nah, preciosa, venimos a que nos conquisten", dijo Marcus con acento gringo pero hablando español chido. Charlamos un rato, bailamos pegaditos. Sus cuerpos duros contra el mío, el sudor mezclándose, el roce de sus vergas semi-duras contra mis caderas. Ya estaba mojada, sintiendo cómo mi panocha palpitaba con cada movimiento.

¿Y si les propongo algo loco? He visto tanto trios con negrosxxx en la red, fantasías que me han hecho masturbarme noches enteras. ¿Por qué no hacerlo real?

La noche avanzaba, y el deseo crecía como ola en tormenta. "¿Y si nos vamos a nuestro hotel? Suite con vista al mar, jacuzzi y todo el desmadre", sugirió Jamal, su aliento caliente en mi oreja. No lo pensé. "Simón, carnales, vámonos". En el taxi, las manos ya exploraban. Marcus me besaba el cuello, mordisqueando suave, mientras Jamal subía la mano por mi muslo, rozando el encaje de mis calzones. Olía a mar y a excitación, el sonido de sus respiraciones pesadas llenando el carro. Mi corazón latía como tambor, neta, nunca había sentido tanta hambre.

Llegamos al hotel, un lugar de lujo con palmeras y luces suaves. Subimos al elevador, y ahí no aguantamos. Jamal me acorraló contra la pared, su boca devorando la mía, lengua juguetona, sabor a ron y menta. Marcus por detrás, manos en mis tetas, pellizcando pezones que ya estaban duros como piedras. Sentí sus vergas tiesas presionando, enormes, prometiendo placer del que duele de tan rico. "¿Estás segura, mami?", murmuró Marcus. "Más que nunca, wey. Quiero trios con negrosxxx como en mis sueños más calientes", respondí, voz ronca.

En la suite, el aire acondicionado zumbaba bajito, pero el calor entre nosotros era infernal. Me quitaron el vestido despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Jamal lamió mi ombligo, bajando hasta mi chocha, que ya chorreaba. Marcus chupaba mis tetas, succionando fuerte, dejando marcas rojas que ardían delicioso. Me recostaron en la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves contra mi espalda. Jamal se hincó entre mis piernas, su lengua ancha abriendo mis labios, lamiendo clítoris con maestría. Sabía a sal y miel, mi jugo mezclado con su saliva. Gemí alto, arqueando la espalda, mientras Marcus metía su verga en mi boca. Era gruesa, venosa, sabor a piel limpia y pre-semen salado. La chupé con ganas, mamándola hasta la garganta, sintiendo cómo se hinchaba más.

El ritmo subió. Jamal metió dos dedos en mi panocha, curvándolos justo en el punto G, mientras lamía mi ano con ternura. Explosiones de placer me recorrían, olor a sexo llenando la habitación, sonidos de succiones y gemidos ahogados. "Estás tan rica, Ana, tan apretadita", gruñó Jamal. Cambiaron posiciones. Ahora Marcus me penetró despacio, su verga negra contrastando con mi piel morena, estirándome hasta el límite. Dolor placentero que se volvía éxtasis puro. Jamal se puso detrás, lubricando mi culo con saliva y mi propio flujo. "Relájate, reina", dijo, y entró suave, centímetro a centímetro.

Estaba llena, doblemente follada, en un trio perfecto. Sus caderas chocando contra mí, piel sudada resbalando, el slap-slap de carne contra carne. Olía a sudor masculino, a mi excitación almizclada. Sentía cada vena de sus vergas pulsando dentro, rozándose a través de la delgada pared. Mis pezones rozaban el pecho de Marcus, su aliento jadeante en mi cara. "¡Más duro, cabrones! ¡Chínguenme como se debe!", grité, perdiendo el control. Aceleraron, embistiendo sincronizados, mis tetas rebotando, clítoris frotándose contra el pubis de Marcus.

Esto era mejor que cualquier porno de trios con negrosxxx. Sentía el poder en mis venas, yo mandaba, yo decidía el ritmo. Empoderada, deseada, viva.

El orgasmo me golpeó como tsunami. Grité, cuerpo convulsionando, paredes internas apretando sus vergas como puño. Ellos no pararon, prolongando mi placer hasta que lágrimas de gozo rodaron por mis mejillas. Marcus se corrió primero, chorros calientes inundando mi panocha, gimiendo mi nombre. Jamal salió y eyaculó en mi culo y espalda, semen espeso y caliente escurriendo. Colapsamos los tres, enredados, respiraciones entrecortadas, piel pegajosa de sudor y fluidos.

Después, en el jacuzzi burbujeante, agua tibia masajeando músculos cansados. Jamal me lavó el pelo con shampoo de hotel, Marcus me masajeaba los hombros. Reíamos, contándonos chistes tontos, el vapor subiendo con olor a sales de baño. "Neta, eso fue épico", dije, recargada en sus pechos firmes. "Tú lo hiciste épico, diosa mexicana", respondió Marcus, besándome la frente.

Al amanecer, con el sol tiñendo el mar de oro, nos despedimos con promesas de volvernos a ver. Caminé por la playa descalza, arena fresca entre los dedos, brisa salada en la cara. Mi cuerpo dolía rico, marcado por su pasión, pero mi alma flotaba. Los trios con negrosxxx no eran solo fantasía; eran liberación, conexión pura. Y yo, Ana, acababa de vivirlo todo. Volvería por más, porque ahora sabía lo que era volar de verdad.

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