Trio PDF Pasional
Estaba sola en mi depa de la Roma, con el calor de la noche de México City pegándome en la piel como una promesa caliente. El ventilador zumbaba perezoso, pero no refrescaba nada. Agarré mi laptop, neta aburrida, y busqué algo que me prendiera el ánimo. En un sitio web chueco de descargas, vi un archivo que me llamó la atención: trio pdf. Lo descargué sin pensarlo dos veces, pensando que sería una mamada o algo así, pero cuando lo abrí, las palabras me jalaron como imán.
El trio pdf contaba de una chava como yo, metida en un enredo con dos vatos que la volvían loca. Leí las descripciones, el sudor, los gemidos, las manos explorando sin prisa. Sentí un cosquilleo entre las piernas, mi piel erizándose bajo la blusa ligera.
¿Y si lo hago real? ¿Y si invito a Luis y a Marco? Wey, siempre hemos coqueteado, pero nunca pasamos de ahí.Mi pulso se aceleró, el aroma de mi propia excitación empezando a flotar en el aire cargado. Marqué el número de Luis primero.
—Órale, carnala, ¿qué onda tan tarde? —dijo con esa voz ronca que me ponía a mil.
—Ven pa'cá, wey. Trae a Marco si quieres. Tengo algo chido que les va a volar la cabeza.
Media hora después, tocaron la puerta. Luis, alto y moreno, con esa sonrisa pícara que derretía; Marco, más delgado, ojos verdes que te desnudaban con la mirada. Entraron riendo, oliendo a colonia fresca y cerveza de la esquina. Les pasé la laptop con el trio pdf abierto.
—Lean esto, pendejos. Me tienen que ayudar a cumplirlo.
Se sentaron en mi cama king size, las páginas iluminando sus caras. Vi cómo sus pupilas se dilataban, las respiraciones volviéndose pesadas. Luis se acomodó el pantalón disimuladamente, Marco tragó saliva. El ambiente se cargó de electricidad, el zumbido del ventilador ahora como un latido compartido.
Acto primero: la chispa. Nos miramos, las risas nerviosas dando paso a silencios cargados. Me acerqué a Luis, rozando su brazo con mis dedos. Su piel estaba caliente, músculos tensos bajo la camisa. Qué rico huele, a hombre de verdad. Marco se acercó por detrás, su aliento en mi cuello enviando escalofríos hasta mi espinazo.
—Neta, Ana, ¿estás segura? —murmuró Marco, su mano posándose en mi cintura.
—Simón, wey. Quiero sentirlos a los dos. Como en el trio pdf.
Nos besamos primero Luis y yo, sus labios firmes, lengua juguetona saboreando a tequila dulce. Marco observaba, su excitación evidente en el bulto de sus jeans. Luego me giré, besando a Marco con hambre, mientras Luis lamía mi oreja, mordisqueando suave. El sabor salado de su piel, el roce áspero de sus barbas incipientes. Mi blusa voló, quedando en brasier de encaje negro. Sus manos expertas desabrocharon el sostén, liberando mis tetas, pezones ya duros como piedras.
Me recostaron en la cama, las sábanas frescas contra mi espalda ardiente. Luis chupó un pezón, succionando con fuerza que me arrancó un gemido gutural. Marco hizo lo mismo con el otro, sus dientes rozando justo lo necesario para hacerme arquear.
¡Madre mía, esto es mejor que cualquier pdf!Bajaron juntos, besando mi vientre, lamiendo el ombligo. El olor de mi arousal impregnaba la habitación, almizclado y embriagador.
Escalo gradual, como mandaba el trio pdf. Me quitaron el short, las bragas empapadas deslizándose por mis muslos. Luis separó mis piernas, inhalando profundo.
—Qué rica hueles, nena. Mojadita toda para nosotros.
Su lengua encontró mi clítoris, lamiendo en círculos lentos, mientras Marco besaba mis labios, ahogando mis jadeos. Introduje los dedos en su cabello, tirando suave, el sabor de su boca mezclado con el mío. Luis metió un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí, el punto que me hacía ver estrellas. El sonido húmedo de su boca chupando, mis jugos goteando. Marco se desnudó, su verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando precum. La tomé en mi mano, acariciando el tronco caliente, pulgar en la cabeza sensible.
Cambiaron posiciones. Marco se hundió entre mis piernas, su lengua más rápida, agresiva, mientras Luis ponía su verga en mi boca. La succioné ansiosa, saboreando el salado, las venas palpitando contra mi lengua. Qué chido, los dos al mismo tiempo, llenándome. Gemían bajito, "¡Qué buena chupas, Ana!", "No pares, wey". Mi cuerpo temblaba, el orgasmo building como ola en la playa de Acapulco.
La tensión crecía, sudores mezclándose, pieles chocando con palmadas suaves. Me puse de rodillas, culo en alto. Luis se colocó atrás, frotando su verga en mi entrada resbalosa. Marco enfrente, ofreciendo la suya. Entró Luis despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso.
¡Pinche grande, me parte en dos pero qué rico!Empujó profundo, el slap de sus bolas contra mí resonando. Chupé a Marco sincronizada, garganta profunda, saliva chorreando.
Cambiábamos ritmos, ellos turnándose en mi panocha y boca. Marco dentro ahora, más largo, tocando fondo, mientras Luis me besaba, dedos en mi clítoris frotando furioso. El cuarto olía a sexo puro, gemidos altos, "¡Sí, chínguenme más!", "¡Qué apretada estás!". Sudor perlando frentes, pechos subiendo y bajando erráticos. Sentí el clímax acercándose, coño contrayéndose alrededor de Marco.
—¡Me vengo, cabrones! —grité, explotando en espasmos violentos, jugos salpicando muslos.
Ellos no pararon, prolongando mi placer hasta que suplicara. Luis se hundió de nuevo, follándome duro mientras Marco se pajeaba viéndonos. Volteé, abriendo la boca para recibirlos a ambos. Se alinearon, vergas frotándose mutuo, yo lamiendo cabezas, alternando succiones. Gruñeron juntos, chorros calientes llenando mi boca, goteando barbilla. Tragué lo que pude, el resto lamiendo de sus puntas sensibles.
Colapsamos en la cama, cuerpos entrelazados, respiraciones jadeantes calmándose. El ventilador secaba el sudor, pieles pegajosas rozándose tiernas. Luis besó mi frente, Marco mi hombro.
—Eso fue épico, Ana. Mejor que cualquier trio pdf.
Reímos suaves, abrazados.
Esto no termina aquí. Mañana repetimos, weyes.La noche se volvió paz, con promesas de más placeres compartidos, el calor ahora de nuestros cuerpos fundidos.