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Cancion Wan Tu Tri La Melodia Tentadora

6950 palabras

Cancion Wan Tu Tri La Melodia Tentadora

La noche en el antro de Polanco estaba en su punto máximo, con las luces neón parpadeando como estrellas cachondas sobre la pista de baile. Tú, con tu camisa ajustada que marcaba tus pectorales, entraste sintiendo el pulso de la música retumbar en tu pecho. El aire olía a tequila reposado mezclado con perfume caro y un toque de sudor fresco, ese aroma que promete aventuras sin complicaciones. Órale, esta noche va a ser chida, pensaste mientras te abrías paso entre la gente.

Ahí la viste: ella, con un vestido rojo ceñido que abrazaba sus curvas como un amante posesivo, bailando sola pero atrayendo todas las miradas. Su cabello negro caía en ondas salvajes, y sus labios pintados de rojo brillaban bajo las luces. Se llamaba Karla, lo supiste después, cuando sus ojos se cruzaron con los tuyos. Era una morra de veintiocho, profesionista en marketing, con esa confianza que hace que cualquier pendejo como tú se sienta vivo de solo imaginarla encima.

Te acercaste a la barra, pediste dos tequilas con limón y sal, y le ofreciste uno. Ella lo tomó con una sonrisa pícara, sus dedos rozando los tuyos en un toque eléctrico que te erizó la piel. ¿Bailamos? dijo, su voz ronca cortando el ruido de la banda sonando de fondo. Asentiste, y la seguiste a la pista. El DJ anunció el siguiente tema: ¡La Cancion Wan Tu Tri, pa' que se prendan cabrones!

La cancion wan tu tri empezó con un ritmo lento, hipnótico, como un latido acelerado. Las letras mezclaban español y ese inglés juguetón: "Uno, dos, three... wan tu tri mi amor, déjate llevar..." Sus caderas se movieron contra las tuyas, un roce deliberado que te hizo endurecerte al instante. Sentiste el calor de su cuerpo a través del vestido delgado, el aroma de su piel a vainilla y deseo subiéndote por la nariz. Tus manos se posaron en su cintura, bajando un poco más, y ella no se apartó; al contrario, se pegó más, sus nalgas presionando tu entrepierna.

Esto es lo que necesitaba, pensaste, mientras el sudor perlaba tu frente y el sabor salado del tequila aún bailaba en tu lengua. La canción repetía su estribillo, "Wan tu tri, wan tu tri...", y Karla giró, enfrentándote, sus pechos rozando tu torso. Sus ojos, oscuros y brillantes, te devoraban. Neta que bailas chido, murmuró cerca de tu oído, su aliento cálido enviando ondas de placer directo a tu verga.

La tensión crecía con cada beat. Sus manos subieron por tu pecho, desabotonando el primer botón de tu camisa, y tú respondiste trazando la curva de su espina con las yemas de los dedos. El antro vibraba, pero para ti solo existía ella: el sonido de su risa baja, el tacto suave de su piel morena, el olor almizclado que empezaba a emanar de entre sus piernas. ¿Cuánto más aguantar? te preguntaste, mientras la canción llegaba a su clímax y ella te mordía el lóbulo de la oreja suavemente.

Uno: un beso que quema. Dos: un toque que enloquece. Three: déjate ir, wan tu tri...

La sacaste de ahí casi arrastrándola, sus tacones resonando en el pavimento húmedo de la calle. Tomaron un Uber hasta su depa en la Roma, un lugar chulo con vistas al skyline y velas aromáticas ya encendidas, como si supiera que la noche iba a acabar así. Apenas cerraron la puerta, sus bocas se encontraron en un beso hambriento. Saboreaste sus labios carnosos, el dulzor de su gloss mezclado con tequila, su lengua danzando con la tuya en una coreografía perfecta.

La cargaste hasta la recámara, sus piernas envolviéndote la cintura, gimiendo bajito contra tu boca. Qué rico hueles, cabrón, dijo entre jadeos, mientras le quitabas el vestido de un tirón. Sus tetas perfectas saltaron libres, pezones oscuros endurecidos como chocolate amargo. Tú te desvestiste rápido, tu verga saltando erecta, palpitante, lista para ella. Karla se arrodilló, mirándote con ojos lujuriosos, y la tomó en su mano suave, acariciándola de arriba abajo. Su tacto es fuego puro, pensaste, el placer subiendo por tu columna.

Se la metió a la boca despacio, chupando la cabeza con labios húmedos, su lengua girando en círculos que te hicieron arquear la espalda. El sonido era obsceno: slurp, slurp, mezclado con tus gemidos roncos. Olía a sexo inminente, a su chochita mojada que ya goteaba. La levantaste, la tumbaste en la cama king size con sábanas de algodón egipcio suaves como seda. Besaste su cuello, bajando por sus tetas, mordisqueando los pezones hasta que gritó ¡Ay, pendejo, no pares!

Tus dedos exploraron su entrepierna, encontrándola empapada, resbalosa. Metiste dos adentro, curvándolos contra su punto G, mientras tu pulgar masajeaba su clítoris hinchado. Ella se retorcía, uñas clavándose en tus hombros, el aroma de su excitación llenando la habitación como incienso prohibido. "Wan tu tri... fóllame ya", suplicó, recordando la canción que los había unido. Te posicionaste, la punta de tu verga rozando sus labios vaginales, untándose en sus jugos calientes.

Entraste despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo sus paredes te apretaban como un guante de terciopelo húmedo. Qué chingón se siente, pensaste, mientras ella gemía alto, sus caderas subiendo para tomarte más profundo. Empezaron a moverse en ritmo, como la canción: uno, dos, three... embestidas lentas que aceleraban. El slap de piel contra piel, sus tetas rebotando, el sudor resbalando por vuestros cuerpos. La volteaste a cuatro patas, admirando su culo redondo, y la penetraste desde atrás, una mano en su cadera, la otra pellizcando su clítoris.

La intensidad subía, sus paredes contrayéndose alrededor de tu verga, ordeñándote. ¡Me vengo, carnal! gritó, su cuerpo temblando en oleadas de placer, jugos chorreando por tus bolas. Tú aguantaste, girándola de nuevo para mirarla a los ojos, esos ojos que te decían esto es nuestro. Unas embestidas más, profundas, brutales, y explotaste dentro de ella, chorros calientes llenándola mientras rugías como animal.

Colapsaron juntos, jadeando, el corazón latiéndote como tambor. Su piel pegada a la tuya, sudorosa y tibia, olía a sexo satisfecho y promesas. La besaste suave, saboreando el salado de su piel. La cancion wan tu tri siempre funciona, murmuró ella riendo bajito, acurrucándose en tu pecho.

Se quedaron así, en afterglow, con la ciudad murmurando afuera. Esto no fue solo un polvo, pensaste, mientras sus dedos trazaban patrones en tu abdomen. Mañana quién sabe, pero esa noche, la melodía los había marcado para siempre. El deseo inicial se había transformado en algo más profundo, un eco resonante que prometía repeticiones. Y tú, sonriendo en la oscuridad, supiste que dirías sí a cualquier wan tu tri con ella.

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