El Ardiente Trio Lesbico XXX
Yo era Ana, una morra de veintiocho años que trabajaba en una agencia de publicidad en el DF, siempre rodeada de estrés y deadlines que me dejaban hecha un trapo. Pero esa noche, todo cambió. Mis carnalas, Sofía y Carla, me convencieron de una pijamada en mi depa de Polanco, nada de salidas aburridas a antros pendejos. Qué chido, pensé, mientras ponía la música de Natalia Lafourcade a todo volumen y sacaba las chelas frías del refri. Sofía, con su pelo negro largo y curvas que volvían locos a todos, llegó primero, oliendo a perfume de vainilla que me hizo cosquillas en la nariz. Carla, la güera fitness con ojos verdes y un culo que no mentía, traía una botella de tequila reposado y bolsas de totopos.
Nos sentamos en el sillón de terciopelo rojo, riéndonos de pendejadas del trabajo. El aire estaba cargado de ese olor a fritanga de la taquería de abajo mezclado con el humo dulce de un porro que Sofía sacó de su bolsa.
Neta, Ana, hoy nos vamos a poner bien locas, dijo Sofía con esa voz ronca que me erizaba la piel.Bebimos shots, el tequila quemándonos la garganta como fuego líquido, y el calor empezó a subirnos por el pecho. Carla propuso verdad o reto, y yo, ya medio peda, acepté. El primer reto fue inocente: Sofía tuvo que bailar reggaetón pegadita a mí. Sentí su cuerpo contra el mío, sus chichis rozándome los brazos, su aliento caliente en mi cuello. Pinche calor, murmuré, pero mi concha ya empezaba a palpitar.
La cosa escaló rápido. Le tocó a Carla reto, y Sofía le dijo que me besara. ¿En serio? pensé, pero mi corazón latía como tamborazo zacatecano. Carla se acercó, sus labios carnosos y suaves como mango maduro rozaron los míos. Sabían a tequila y a chicle de fresa, su lengua juguetona explorando mi boca con una lentitud que me dejó sin aire. El beso duró eternidades, sus manos en mi cintura apretando suave, y yo respondí, chupando su lengua como si fuera mi última comida. Cuando se separó, mis cachetes ardían y mis calzones estaban empapados.
Esto es como un trio lesbico xxx de esas pelis que vemos a escondidas, soltó Sofía riendo, y todas nos miramos con ojos brillantes de deseo.
El juego siguió, pero ya nadie lo tomaba en serio. Retos de quitarnos la ropa: primero las blusas. Sofía tenía unos chichis perfectos, morenos y firmes, con pezones oscuros que se paraban como soldaditos. Carla, güera y tetona, sus pezones rosados pidiendo a gritos ser chupados. Yo me quedé en bra de encaje negro, mis tetas medianas pero puntiagudas temblando de anticipación. El olor a nuestras pieles sudadas y excitadas llenaba la sala, un aroma almizclado que me mareaba de lujuria. Tocábamos sin permiso, Sofía me masajeaba las nalgas mientras Carla me besaba el cuello, mordisqueando suave hasta que gemí bajito.
Quiero más, pensé, mi mente nublada por el tequila y el calor entre mis piernas. Nos movimos al piso, sobre la alfombra persa que olía a limpio y a deseo. Sofía se quitó los shorts, revelando su panocha depilada, brillando de jugos. Órale, qué rica, susurré, y ella sonrió pícara. Me jaló hacia ella, y yo lamí su clítoris hinchado, saboreando su salado dulce, como tamarindo con chile. Su gemido fue música, ronco y animal, vibrando en mi lengua mientras la chupaba con hambre, mis dedos hundiéndose en su calor húmedo. Carla no se quedó atrás; se puso detrás de mí, bajándome los calzones y lamiéndome el culo, su lengua caliente trazando círculos que me hacían arquear la espalda.
El ritmo subió. Cambiamos posiciones como en un baile sincronizado. Yo estaba de rodillas, Sofía frente a mí con las piernas abiertas, y Carla entre mis muslos, devorándome la panocha. Sentía su nariz rozando mi clítoris, su lengua metiéndose profundo, lamiendo mis paredes como si quisiera beberme entera. El sonido era obsceno: chupadas húmedas, gemidos ahogados, el slap de piel contra piel. Mi piel ardía, sudor perlando mi espalda, el gusto de Sofía en mi boca mezclándose con el mío propio cuando Carla me besó, pasándome mis jugos de lengua a lengua.
Me voy a correr, cabronas, no paren, jadeé, y ellas rieron, acelerando.
La tensión crecía como tormenta en el desierto. Sofía se recostó, y yo me subí encima, frotando mi panocha contra la suya en un tribbing feroz. Nuestros clítoris chocaban, resbalosos y calientes, chispas de placer subiendo por mi espina. Carla nos veía, tocándose, sus dedos hundidos en su propia humedad, gimiendo pinches ricas. El olor era intenso: sexo puro, sudor, perfume mezclado. Mis pezones rozaban los de Sofía, duros como piedritas, y cada roce era electricidad. Internamente luchaba: Esto es demasiado bueno, ¿y si no quiero que acabe? Pero el deseo ganaba, mi cadera moviéndose sola, persiguiendo el clímax.
Carla se unió, lamiendo donde nos frotábamos, su lengua alternando entre nosotras. El placer era abrumador: vista de sus cuerpos perfectos retorciéndose, sonido de respiraciones agitadas y ahhs guturales, tacto de pieles resbalosas, olor a orgasmo inminente, gusto salado en mi boca. Me corrí primero, un estallido que me dejó temblando, jugos chorreando por las piernas de Sofía. Ella gritó mi nombre, Anaaa, convulsionando bajo mí. Carla, viendo eso, se frotó contra mi muslo hasta explotar, su concha palpitando contra mi piel.
Nos quedamos tiradas en el piso, jadeando, cuerpos enredados como raíces. El aire olía a sexo satisfecho, dulce y pesado. Sofía me besó la frente, Carla acarició mi pelo. Neta, eso fue el mejor trio lesbico xxx de mi vida, murmuró Carla, y reímos bajito, exhaustas pero felices. Me sentía empoderada, como si hubiera descubierto un pedazo de mí que andaba perdido. El corazón se me calmaba lento, pero el calor entre nosotras perduraba.
Nos levantamos despacio, duchándonos juntas bajo el agua caliente que lavaba el sudor pero no el recuerdo. En la cama king size, nos acurrucamos desnudas, piel contra piel, escuchando la ciudad ronronear afuera.
¿Repetimos pronto, mis reinas? pregunté, y ellas asintieron, sonriendo.Esa noche no solo follamos; nos conectamos de verdad, rompiendo barreras con besos y caricias. Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, supe que esto era solo el principio de algo chingón.