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Trio Oral Ardiente

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Trio Oral Ardiente

Estás en la terraza de esa casa en la playa de Puerto Vallarta, con el sol poniéndose como una bola de fuego en el Pacífico. El aire huele a sal y coco, mezclado con el aroma dulce de las piñas coladas que acaban de servir. Ana, tu morra desde hace dos años, se recarga en tu hombro, su piel morena brillando con un poco de sudor bajo el último rayo de luz. Lleva un bikini rojo que deja poco a la imaginación, y su risa ronca te eriza la piel cada vez que suelta una carcajada.

Órale, carnal, esta noche se pone buena, piensas mientras miras a Lupe, la amiga de Ana, que acaba de llegar con una botella de tequila en la mano. Lupe es una chava de Guadalajara, con curvas que parecen esculpidas por los dioses aztecas: tetas firmes que asoman por su top negro, caderas anchas y un culo que se mueve como hipnosis. Sus ojos cafés te clavan cuando te saluda con un beso en la mejilla, demasiado cerca de la boca. Neta, ¿esto va en serio?

—Ey, pendejo, ¿ya te conquistó el paisaje o qué? —dice Lupe, guiñándote el ojo mientras se sienta al otro lado de la mesa de mimbre. Ana ríe y te da un codazo juguetón.

—Mi carnal aquí solo tiene ojos para nosotras, ¿verdad, amor? —Ana se inclina y te besa, su lengua rozando la tuya un segundo de más, saboreando a ron y fresas.

La tensión empieza a subir como la marea. Hablan de todo y nada: de las fiestas locas en la Zona Romántica, de cómo el tequila sabe mejor en trio, y de pronto Lupe suelta:

—Oigan, ¿han probado un trio oral de verdad? Esas chupadas que te dejan temblando...

Te quedas callado, pero sientes tu verga endurecerse bajo los shorts. Ana no se inmuta, al contrario, su mano baja disimuladamente a tu muslo y aprieta.

¿Qué pedo? ¿Están planeando algo o nomás es el alcohol hablando?

La noche cae rápida, las estrellas parpadean sobre el mar negro. Entran a la casa, iluminada por velas y luces tenues. El piso de losa fría bajo tus pies descalzos contrasta con el calor que sube por tu cuerpo. Ana pone música, un reggaetón suave con bajo que vibra en el pecho. Lupe saca el tequila y hace shots, lamiendo la sal de tu cuello primero, luego de la mano de Ana.

—A ver, güey, quítate la playera —ordena Ana, con esa voz mandona que te prende. Obedeces, y sientes sus uñas arañando tu pecho mientras Lupe se pega por detrás, sus tetas aplastándose contra tu espalda. Huelen a vainilla y sudor fresco, un olor que te marea de deseo.

Las besas a las dos, alternando bocas suaves y húmedas. La lengua de Ana es juguetona, sabe a tequila; la de Lupe más agresiva, mordiendo tu labio inferior. Tus manos exploran: una en la cintura de Ana, sintiendo su piel suave como seda; la otra en el culo de Lupe, firme y redondo, apretándolo hasta que gime bajito.

Se mueven al cuarto, la cama king size con sábanas blancas crujiendo bajo su peso. Ana te empuja suave, te acuestas, y ellas se arrodillan a los lados. Esto es el paraíso, carnal.

—Vamos a darte el mejor trio oral de tu pinche vida —susurra Lupe, mientras Ana desata tu short y libera tu verga, ya dura como piedra, palpitando al aire fresco.

El middle empieza con caricias lentas. Ana lame la punta primero, su lengua caliente rodeando el glande, saboreando la gota salada que sale. Su boca es un horno húmedo, piensas, mientras arqueas la espalda. Lupe no se queda atrás: chupa tus huevos, succionando suave, su aliento cálido subiendo por tu perineo. Escuchas sus gemidos ahogados, el sonido chupón y húmedo que llena la habitación, mezclado con el romper de olas lejanas.

Cambian turnos, Ana mamándote profundo, su garganta apretando hasta la base, mientras Lupe besa tu boca, metiendo su lengua para que pruebes tu propio sabor. Tocas sus panochas por encima del bikini: Ana moja como río, Lupe palpita bajo tus dedos. Ellas se besan entre chupadas, sus lenguas chocando sobre tu verga, un trio oral perfecto de labios y saliva.

No aguanto, pero no quiero que acabe

La intensidad sube. Te sientas, y ahora tú las atiendes. Ana se quita el bikini, sus tetas rebotando libres, pezones duros como chocolate. La recuestas, abres sus piernas morenas, y hundes la cara en su panocha depilada. Sabe a miel salada, jugos espesos cubriendo tu lengua mientras la chupas, lamiendo el clítoris hinchado. Ella grita: ¡Ay, cabrón, sí! Sus caderas se mueven, empapándote la barba.

Lupe se pone a cuatro, su culo en alto. Le separas las nalgas, rosadas y perfectas, y metes la lengua en su ano primero, saboreando su almizcle terroso, luego bajas a su chochito chorreante. Ambas gimen al unísono, un coro de placer que te hace latir las sienes. Tus dedos entran y salen, curvándose para tocar ese punto que las hace temblar.

Ellas vuelven a ti, ahora en tándem total. Ana chupa la cabeza, Lupe la base, lenguas cruzándose en un baile resbaloso. Sientes el orgasmo construyéndose, bolas apretadas, venas hinchadas. Es como fuego líquido subiendo.

—Córrete, amor, llénanos la boca —pide Ana, ojos brillantes de lujuria.

No aguantas más. Explota en chorros calientes, primero en la boca de Ana, que traga y pasa a Lupe, quien lame cada gota, sus gargantas moviéndose. Gritas, cuerpo convulsionando, el placer tan intenso que ves estrellas más brillantes que las de afuera.

El afterglow es puro éxtasis. Caen los tres en la cama, sudorosos y jadeantes, pieles pegajosas entrelazadas. Ana acaricia tu pecho, Lupe tu pelo, besos suaves en cuello y hombros. Huele a sexo crudo, semen y jugos mezclados, un perfume embriagador.

Chido, ¿verdad? El mejor trio oral ever —dice Lupe, riendo ronca.

Ana asiente, acurrucándose: —Y no es la última, pendejo. Esto apenas empieza.

Te quedas ahí, escuchando sus respiraciones calmándose, el mar susurrando promesas. Sientes una paz profunda, conexión total. Neta, la vida es un desmadre chingón.

Duermes entre ellas, soñando con más noches así, en esta playa eterna de placer compartido.

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