Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Tríos Sex DF Apasionados Tríos Sex DF Apasionados

Tríos Sex DF Apasionados

6986 palabras

Tríos Sex DF Apasionados

La noche en el DF siempre ha sido un imán para mis deseos más ocultos. Vivo en la Condesa, en un departamentito chido con vista a los árboles de Ámsterdam, y esa noche de viernes, el calor pegajoso del verano me tenía inquieta. Me tiré en la cama con el teléfono en la mano, buscando algo que me sacara del tedio. Tecleé "tríos sex df" en la app de citas, y ¡neta!, las notificaciones explotaron. Fotos de parejas calientes, solos con ganas de aventura. Mi pulso se aceleró solo de imaginarlo.

Ahí apareció el perfil de Luis y Carla. Él, moreno, musculoso, con una sonrisa pícara que gritaba pendejo en el buen sentido; ella, rubia teñida, curvas de infarto y ojos que prometían travesuras. "Buscamos chica para noche épica en hotel del centro", decían. Les mandé un mensaje: "Suena chingón, ¿dónde caemos?". En minutos, quedamos en un bar de la Roma. Me puse un vestido negro ajustado que me marcaba todo, sin bra, y salí con el corazón latiéndome como tambor de mariachi.

¿Y si no conectamos? ¿Y si soy la tercera rueda? Pero carajo, Ana, ya estás harta de lo mismo. Quieres sentirte viva, deseada por dos al mismo tiempo.

Llegué al bar oliendo a jazmín de mi perfume, el humo de los cigarros mezclándose con risas y cumbia rebajada de fondo. Los vi de inmediato en una mesita al fondo, él con camisa entreabierta mostrando pecho velludo, ella con escote que dejaba poco a la imaginación. Me acerqué, y Luis se paró a darme un beso en la mejilla, su barba raspándome suave. "¡Qué buena onda que viniste, guapa!", dijo con acento chilango puro. Carla me abrazó, sus tetas rozándome, y un escalofrío me recorrió la espalda. Pedimos tequilas, y la plática fluyó como río: trabajos en oficinas fancy del Paseo, viajes a la playa, y poco a poco, confesiones picantes.

"Tríos sex df es lo mejor que nos ha pasado", soltó Carla riendo, su mano en mi muslo ya subiendo juguetona. "Luis me comparte, y yo a él. ¿Tú has probado?". Negué con la cabeza, pero mi coño ya palpitaba. Hablamos de fantasías: yo quería manos por todos lados, bocas explorando, vergas y lenguas en sincronía. El alcohol calentaba mi sangre, el sudor perlándome el cuello. Luis me miró fijo: "Vamos al hotel, ¿va?". Asentí, empapada de anticipación.

En el Uber rumbo al Hilton Reforma, la tensión era eléctrica. Carla me besaba el cuello, su aliento mentolado mezclándose con mi aroma a excitación. Luis nos veía, mano en mi rodilla, subiendo lento. "Estás rica", murmuró él. Llegamos, el lobby lujoso con mármol frío contrastando nuestro calor. Subimos al elevador, y ahí explotó el primer beso: los tres enredados, lenguas danzando, manos apretando nalgas. Olía a sexo inminente, a piel caliente.

La suite era un sueño: cama king size, luces tenues, ciudad brillando por la ventana. Nos desvestimos sin prisa, como ritual. Carla primero, quitándose el top, tetas firmes saltando libres, pezones duros como balas. Yo la seguí, mi vestido cayendo al piso, exponiendo mi piel morena, mi concha rasurada ya brillando de jugos. Luis se bajó los pantalones, su verga gruesa y venosa saltando erecta, goteando precum. Neta, qué pedazo de pito.

Siento sus ojos devorándome. No soy solo una más; soy el centro, la diosa de esta noche de tríos sex df. Mi clítoris late, pidiendo atención.

Nos tumbamos en la cama, sábanas de algodón egipcio suaves contra mi espalda. Carla se acercó gateando, besándome profundo, su lengua saboreando mi boca como tequila con sal. Sus manos amasaron mis tetas, pellizcando pezones hasta que gemí bajito. Luis se unió por atrás, su boca en mi cuello, mordisqueando suave, manos bajando a mi culo, separando nalgas para rozar mi ano con un dedo húmedo. El sonido de respiraciones agitadas llenaba la habitación, mezclado con lamidas húmedas.

"Déjame probarte", susurró Carla, bajando entre mis piernas. Su lengua caliente lamió mi raja de abajo arriba, chupando mi clítoris con maestría. ¡Ay, wey! Arqueé la espalda, manos en su pelo, oliendo su shampoo de coco. Luis me besaba, metiéndome dos dedos en la boca para que los chupara, simulando su verga. Luego se movió, poniéndola en mi mano: dura, caliente, venas pulsantes. La pajeé lento, sintiendo su grosor estirar mis dedos.

La intensidad subió. Cambiamos posiciones: yo a cuatro patas, Carla debajo lamiéndome el clítoris mientras Luis me penetraba por atrás. Su verga entró despacio, abriéndome centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Chingado, qué rico! El slap-slap de sus caderas contra mi culo resonaba, sudor goteando de su pecho a mi espalda. Carla gemía contra mi concha, su lengua vibrando con cada embestida. Olía a sexo puro: almizcle, jugos, sudor salado.

"Cámbiame", pedí jadeante. Luis salió, reluciente de mis fluidos, y Carla tomó su lugar con un strap-on negro grueso que se ajustó rápido. Ella me folló con ritmo mujeril, profundo y circular, mientras Luis se ponía frente a mí. Abrí la boca, tragándome su verga hasta la garganta, saboreando su piel salada, bolas pesadas rozándome la barbilla. Tosí un poco, pero qué chido, el control total. Sus gemidos roncos: "¡Así, nena, trágatela toda!".

Esto es poder. Dos cuerpos rendidos a mí, mi placer multiplicado. Siento el orgasmo construyéndose, como volcán en Popo.

El clímax llegó en olas. Primero el mío: un grito ahogado mientras Carla aceleraba, mi concha contrayéndose alrededor del strap, chorros calientes salpicando sábanas. Luis se corrió en mi boca, semen espeso y caliente bajando por mi garganta, resto chorreando en mis tetas. Carla se quitó el juguete, frotándose contra mi muslo hasta venirse temblando, su grito agudo rompiendo el aire.

Caímos exhaustos, enredados en un montón de pieles sudorosas. El aire olía a orgasmo cumplido, a sábanas revueltas. Luis me acarició el pelo, Carla besó mi hombro. "Eres increíble", dijo él. "Vuelve cuando quieras para más tríos sex df". Reí bajito, cuerpo plácido, corazón lleno.

Nos duchamos juntos, agua caliente lavando fluidos, manos jabonosas explorando de nuevo, pero suave, tierno. Salimos del hotel al amanecer, el DF despertando con cláxones y vendedores de tamales. En el taxi de vuelta, repasé la noche: no fue solo sexo, fue conexión, libertad. Mi piel aún hormigueaba, coño sensible recordándome cada roce.

Ya no soy la misma. Tríos sex df abrió una puerta. ¿La próxima? Quizás con ellos otra vez, o nuevos aventureros. La ciudad late, y yo con ella.

Arribé a mi depa, me tiré en la cama oliendo a ellos todavía. Sonreí al techo, sabiendo que esta pasión me cambiaría para siempre. El sol entraba, prometiendo más noches ardientes en esta jungla de concreto y deseo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.