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Inténtalo de Nuevo Traducción

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Inténtalo de Nuevo Traducción

Estaba en el café de la colonia Roma, ese rinconcito con aroma a café de chiapas recién molido y pan dulce calentito que me hacía agua la boca. El sol de la tarde se colaba por las ventanas, pintando todo de dorado, y yo, Ana, con mi falda ligera que rozaba mis muslos al sentarme, sorbía mi latte mientras revisaba mi cel. Qué chido día, pensé, hasta que lo vi entrar. Alto, ojos verdes como el mar de Cancún, pelo revuelto y una sonrisa que prometía travesuras. Gringo, seguro, pero de los guapos, no de los pendejos que andan de turistas bobos.

Se acercó a mi mesa, con el teléfono en la mano, y balbuceó algo en un español torpe. "¿Hola? Tú... muy bonita. ¿Quieres... salir conmigo?" Su acento era puro Hollywood, pero la frase sonaba como si la hubiera sacado de un traductor chafa. Me reí, no pude evitarlo, y él se sonrojó, tecleando furiosamente en su app. La pantalla parpadeó: try again traducción. Levantó la vista, avergonzado pero decidido. "Perdón, try again traducción. ¿Eres soltera? Quiero conocerte mejor."

Órale, qué tierno este wey, tratando de ligar con un pinche Google Translate. Me dan ganas de enseñarle yo misma, pero no con palabras... con el cuerpo.

Le guiñé el ojo. "Siéntate, guapo. Pero deja ese celular, que te está saliendo todo mal. Yo te enseño de verdad." Se sentó frente a mí, su rodilla rozando la mía bajo la mesa, un toque eléctrico que me erizó la piel. Olía a colonia fresca, mezclada con el sudor ligero de la calle caliente de México. Hablamos, o mejor dicho, yo hablé y él escuchaba embobado. Le conté de mi vida como diseñadora gráfica, de las noches bailando salsa en el centro, y él me dijo que era de California, aquí por trabajo en una startup. Pero sus ojos no se despegaban de mis labios, de cómo movía las manos al gesticular.

La tensión crecía con cada sorbo de café. Su pie jugaba con el mío accidentalmente, o no tan accidental. "Inténtalo de nuevo", le dije cuando erró otra frase. "Di: 'Tus ojos me vuelven loco'." Lo repitió, "Tus ojos... me vuelven... loco", y su voz ronca me mandó un escalofrío directo al vientre. Puta madre, este gringo me está prendiendo.

Al rato, el café se vació y el sol se puso, dejando la calle iluminada por faroles que daban un toque romántico. "¿Vamos a caminar?", propuse, y él asintió como perrito ansioso. Paseamos por las callejones empedrados, el aire fresco de la noche trayendo olores a tacos al pastor y flores de bugambilia. Su mano rozó la mía, y no la quité. En cambio, la entrelacé con la suya, sintiendo el calor de su palma, callosa pero suave. Llegamos a un parque chiquito, nos sentamos en una banca, y ahí empezó lo bueno.

Me miró fijo. "Ana, try again traducción: te deseo. Quiero besarte." Reí bajito, mi corazón latiendo como tamborazo zacatecano. "Pues hazlo, wey. No seas menso." Sus labios cayeron sobre los míos, suaves al principio, probando, con sabor a cappuccino y menta. Luego, la lengua, juguetona, explorando mi boca como si fuera un mapa secreto. Gemí suave, mis manos subiendo por su pecho firme bajo la camisa. Olía a él, a hombre excitado, ese aroma almizclado que me moja las bragas.

¡No mames! Este beso es de película, pero mejor, porque lo estoy viviendo. Siento su verga endureciéndose contra mi muslo, y yo ya estoy ardiendo.

La cosa escaló rápido. "¿Vamos a mi hotel? Está cerca", murmuró contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. "Sí, llévame", respondí, mi voz ronca de pura necesidad. Caminamos a paso apresurado, sus manos en mi cintura, apretando posesivo. El lobby del hotel era elegante, luces tenues y jazz suave de fondo. Subimos en el elevador, y ahí no aguantamos: me acorraló contra la pared, besándome con hambre, sus caderas presionando las mías. Sentí su erección dura como piedra, frotándose contra mí, y yo arqueé la espalda, gimiendo.

En la habitación, luces de la ciudad filtrándose por las cortinas, nos desnudamos con urgencia. Su cuerpo era un sueño: abdominales marcados, piel bronceada, y esa verga gruesa, palpitante, apuntándome. "Inténtalo de nuevo, Alex. Di 'quiero follarte toda la noche'", le enseñé, mi mano envolviéndola, masturbándolo lento. "Quiero... follarte... toda la noche", gruñó, y me tiró a la cama, su boca devorando mis tetas. Chupó un pezón, duro y sensible, tirando con los dientes justo lo suficiente para que doliera rico. Olía a sexo ya, a mi coño húmedo y su precum salado.

Me abrió las piernas, besando el interior de mis muslos, lamiendo hasta llegar a mi clítoris hinchado. "¡Órale, sí! Así, cabrón", jadeé, mis caderas moviéndose solas. Su lengua era mágica, círculos rápidos, chupando mi jugo dulce y salado. Metió dos dedos, curvándolos, tocando ese punto que me hace ver estrellas. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes, mi cuerpo temblando al borde del primer orgasmo. "Try again traducción: ven para mí", ordené, y obedeció, lamiendo más duro hasta que exploté, mis paredes contrayéndose, chorros de placer mojando su cara.

¡Qué chingón! Nunca un gringo me había comido así de bien. Ahora le toca a él sufrir un poquito.

Lo empujé boca arriba, montándolo como reina. Su verga entró en mí de un jalón, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. "Mírame, wey. Siente cómo te aprieto". Cabalgaba lento al principio, sintiendo cada vena, cada pulso. Sus manos en mis nalgas, amasando, guiándome más rápido. El slap-slap de piel contra piel, sus gemidos guturales, mi sudor goteando en su pecho. Aceleré, rebotando, mis tetas saltando, el placer acumulándose como tormenta.

Cambié de posición, él encima, misionero profundo. Me follaba fuerte, sus bolas golpeando mi culo, su aliento caliente en mi oreja. "Ana, eres increíble... try again... te amo este coño", balbuceó entre thrusts. Reí, arañando su espalda. "Fóllame más duro, pendejo sexy". El clímax nos golpeó juntos: él gruñendo, llenándome de semen caliente, yo convulsionando, mordiendo su hombro para no gritar demasiado. El olor a sexo intenso, sudor, corrida, impregnaba todo.

Caímos exhaustos, enredados en sábanas revueltas. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse. Besé su frente, sucia de sudor. "La mejor lección de español ever", murmuró, y yo sonreí. "Inténtalo de nuevo mañana, mi amor. Hay mucho más que traducir."

Nos quedamos así, el ruido de la ciudad de fondo como banda sonora, saboreando el afterglow. Sus dedos trazaban círculos en mi piel, y yo pensé: Este wey no es cualquier gringo. Me conquistó con su try again traducción, y ahora quiero más clases privadas. La noche prometía rondas extras, y yo, lista para todo.

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