Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Videos de Trios Bisexuales que Despiertan la Lujuria Videos de Trios Bisexuales que Despiertan la Lujuria

Videos de Trios Bisexuales que Despiertan la Lujuria

7143 palabras

Videos de Trios Bisexuales que Despiertan la Lujuria

Estás recostado en el sofá de tu depa en la Roma, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a tacos de suadero flotando desde la calle. Es viernes por la noche, y el calor de la ciudad se cuela por las rendijas. Tomas tu chela fría, el vidrio empañado contra tus labios, y abres la laptop. Videos de trios bisexuales, tecleas en la barra de búsqueda, curioso, con ese cosquilleo en el estómago que no sabes de dónde sale. Neta, siempre has sido abierto, pero esto es nuevo, como un fuego que se enciende solo.

Aparecen los thumbnails: cuerpos entrelazados, pieles brillando bajo luces tenues, gemidos que se filtran desde los altavoces. Eliges uno, y de pronto estás ahí, viendo a un morro besando a una chava mientras otro tipo les recorre la espalda con las manos. El sonido de sus respiraciones agitadas te eriza la piel, y sientes tu verga endurecerse contra el pantalón de mezclilla.

¿Y si yo estuviera en medio de eso? ¿Sentiría esas lenguas en mi cuello, esas manos explorando sin prisa?
Piensas, mientras el pulso te late en las sienes.

El video termina, y un chat privado parpadea. "Hola guapo, ¿te gustó? Somos Ana y Carlos, de aquí de la Condesa. ¿Quieres ver más videos de trios bisexuales en vivo?" El corazón te da un brinco. Ana es una morra de curvas suaves, ojos cafés que prometen travesuras, y Carlos un vato atlético, con sonrisa pícara y tatuajes que asoman en su pecho. Aceptas la llamada de video, y ahí están, en una recámara con velas aromáticas a vainilla y sábanas de algodón egipcio.

"Órale, carnal, qué chido que te animaste", dice Carlos con voz grave, mientras Ana se acomoda en su regazo, su blusa escotada dejando ver el encaje negro de su brasier. "Hemos visto que te late lo bi, ¿verdad? Ven con nosotros mañana, te enseñamos en persona". El deseo te sube por la espina, un calor húmedo entre las piernas. Dices que sí, neta que sí, y cuelgan con un beso a la cámara que te deja babeando.

Al día siguiente, tocas el timbre de su penthouse. Ana abre, oliendo a perfume de jazmín y piel recién duchada. Te abraza, sus tetas suaves presionando tu pecho, y Carlos aparece con jeans ajustados que marcan su paquete. "Pásale, rey", te dice, y entran a la sala con vista al skyline de la Ciudad de México, luces neón parpadeando a lo lejos.

Se sientan en un sofá de terciopelo rojo, chelas en mano. Ana enciende la tele grande, y pone un video de trios bisexuales que grabaron ellos mismos. "Míranos", susurra ella, su aliento cálido en tu oreja. En la pantalla, Carlos lame el clítoris de Ana mientras ella chupa la verga de otro vato, y luego los dos hombres se besan con lenguas hambrientas. Sientes el roce de la mano de Ana en tu muslo, subiendo despacio, y la de Carlos en tu nuca, masajeando con dedos firmes.

Acto de introducción al deseo, piensas, mientras el aire se carga de electricidad. Tus sentidos se agudizan: el sabor salado de la chela en tu lengua, el crujido del hielo derritiéndose, el aroma almizclado de su excitación empezando a mezclarse con el tuyo. "¿Listo para lo real?", pregunta Carlos, y tú asientes, la garganta seca.

Ana se pone de pie, se quita la blusa con un movimiento fluido, revelando pezones rosados endurecidos. "Tócame", ordena suave, y tus manos obedecen, sintiendo la seda de su piel, el calor que irradia de sus pechos. Carlos se acerca por detrás, desabrochándote la camisa, sus labios rozando tu hombro. Su barba raspa delicioso, registras, mientras su mano baja a tu entrepierna, apretando tu erección a través de la tela.

Te llevan a la recámara, alfombra persa bajo tus pies descalzos. Ana te empuja a la cama king size, y se arrodilla entre tus piernas, desabrochando tu cinturón con dientes. "Qué rica verga tienes, papi", murmura, y su boca caliente te envuelve, lengua girando alrededor del glande, succionando con maestría. Gimes, el sonido gutural escapando de tu pecho, mientras Carlos se desnuda, su verga gruesa y venosa balanceándose. Se une, besándote profundo, sabor a menta y hombre, sus caderas frotándose contra tu cadera.

El middle se enciende: tensión subiendo como lava. Ana se quita el resto de la ropa, su panocha depilada brillando húmeda. Se sube a horcajadas sobre tu cara, bajando despacio. "Lámeme, mi amor", pide, y obedeces, lengua hundiéndose en sus pliegues jugosos, saboreando su miel salada y dulce. Ella gime alto, caderas moviéndose, mientras Carlos lubrica su verga y la tuya, manos expertas resbalando.

Intercambian posiciones. Carlos entra en Ana desde atrás, su culo musculoso flexionándose con cada embestida, plaf plaf contra su carne. Tú te arrodillas frente a ella, y ella te mama con avidez, saliva chorreando. Luego, el momento bi: Carlos te jala hacia él, besándote mientras Ana los mira con ojos vidriosos. "Chúpamela juntos", dice ella, y lo hacen, lenguas entrelazándose sobre su verga palpitante, venas pulsando bajo vuestras bocas. El sabor es embriagador, mezcla de precum salado y sudor limpio. Tus huevos se aprietan, el placer construyéndose en oleadas.

Esto es puro fuego, neta nunca imaginé sentir a un vato así de chido, su verga dura en mi boca mientras Ana nos acaricia
, piensas, el mundo reduciéndose a texturas: piel sudada pegajosa, cabellos rozando, gemidos roncos llenando la habitación. Carlos te voltea, lubrica tu ano con dedos pacientes, entrando uno, dos, estirándote con cuidado. "Relájate, carnal, te va a volar la cabeza", susurra, y cuando te penetra, es éxtasis puro: plenitud ardiente, próstata masajeada, su pelvis chocando contra tus nalgas.

Ana se acurruca debajo, chupándote las bolas mientras Carlos te coge ritmado. El olor a sexo impregna todo, almizcle animal mezclado con vainilla. Cambian: tú entras en Ana, su coño apretado ordeñándote, mientras ella lame el culo de Carlos. Gemidos se convierten en gritos: "¡Sí, pendejitos, así! ¡Cógeme más duro!". El clímax se acerca, pulsos acelerados, sudor goteando, pieles slap-slap-slap.

En el ending, la liberación explota. Carlos se corre primero, chorros calientes en la boca de Ana, quien traga y comparte contigo en un beso tresero. Tú embistes profundo en ella, eyaculando en espasmos interminables, llenándola mientras ella se convulsiona en orgasmo, uñas clavándose en tu espalda. Colapsan los tres, entrelazados, respiraciones jadeantes calmándose, corazones latiendo al unísono.

Después, el afterglow: Ana acaricia tu pecho, Carlos te da un beso tierno en la frente. "Qué chingón fue, ¿verdad?", dice él, y tú sonríes, cuerpo lánguido, satisfecho. El aroma a semen y sudor se disipa lento, velas parpadeando.

Esto no es solo sexo, es conexión, deseo compartido sin límites
. Se acurrucan, charlando bajito de más noches, más videos de trios bisexuales para inspirar. Sales al amanecer, piernas flojas, alma plena, sabiendo que volverás por más de esta lujuria mexicana pura.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.