Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Speedo Tri Suit que Enciende Pasiones El Speedo Tri Suit que Enciende Pasiones

El Speedo Tri Suit que Enciende Pasiones

7112 palabras

El Speedo Tri Suit que Enciende Pasiones

El sol de Cancún pegaba como plomo derretido sobre la playa de Playa Delfines, y el aire traía ese olor salado del mar mezclado con protector solar y sudor fresco. Yo, Alex, un triatleta de veintiocho años que se la pasa entrenando en la costa, ajustaba mi propia lycra mientras veía a los competidores llegar. Neta, cada carrera es como un ritual: el chapoteo de las olas, el zumbido de las bicis, el jadeo colectivo en la carrera. Pero ese día, todo cambió cuando la vi.

Se llamaba Daniela, una morra de unos veintiséis, con curvas que el speedo tri suit negro abrazaba como una segunda piel. Ese traje, ajustadísimo, brillaba bajo el sol, delineando cada músculo de sus piernas tonificadas, el arco perfecto de su culo y el bulto sutil de sus pechos firmes. El material elástico se pegaba a su piel morena, húmeda ya por el calor, y dejaba poco a la imaginación. Me quedé clavado, sintiendo un cosquilleo en la entrepierna.

¿Qué chingados? ¿Por qué esta pendeja me pone así de una?
pensé, mientras ella se estiraba, haciendo que la tela se tensara más, revelando el contorno de sus labios mayores. Olía a vainilla de su crema y a algo más primitivo, como deseo crudo.

La carrera empezó con el disparo. Nadamos en el mar turquesa, el agua fría chocando contra mi cara, sal en la boca. La vi adelante, cortando las olas con brazadas potentes, su speedo tri suit mojado ahora translúcido, pegado como pintura. Cada brazada suya hacía que sus nalgas se contrajeran, hipnóticas. Salí del agua jadeando, con el corazón latiendo como tambor, y pedaleé detrás de ella en la bici. El viento azotaba, trayendo su aroma mezclado con el mío: sudor salado, adrenalina pura. En la transición, nos cruzamos miradas. Sus ojos cafés, intensos, me sonrieron con picardía. "Órale, carnal, vas chido", dijo con esa voz ronca mexicana que me erizó la piel.

En la carrera a pie, el calor era infernal. Corrí a su lado, sintiendo el roce accidental de su brazo contra el mío, piel caliente y resbalosa de sudor. Ella respiraba pesado, pechos subiendo y bajando, el traje marcado por gotas que corrían por su abdomen plano. "Me late tu ritmo, ¿no?", soltó entre jadeos, y yo respondí: "Neta, tú eres la que me acelera el pulso, morra". Reímos, pero la tensión crecía. Cada paso hacía que su culo rebotara sutil en esa lycra ceñida, y yo sentía mi verga endureciéndose contra mi propio traje. Pinche speedo tri suit, maldito tentador, maldecía en mi mente, imaginando arrancárselo.

Cruzamos la meta juntos, exhaustos, empapados. El público aplaudía, pero nosotros solo nos mirábamos. Ella se acercó, pecho contra pecho, el olor de su sudor mezclado con feromonas invadiéndome. "¿Celebramos, guapo? Tengo una cabaña aquí cerca", murmuró, su aliento cálido en mi oreja, sabor a sal en sus labios entreabiertos. Asentí, el pulso tronando en mis sienes. Caminamos por la arena caliente, pies hundiéndose, hasta su cabaña de playa: madera fresca, brisa marina colándose por las ventanas abiertas.

Adentro, el aire era más fresco, pero nuestro calor lo encendía todo. Ella se paró frente al espejo de cuerpo entero, aún con el speedo tri suit puesto, chorreando. "Mírame, Alex. ¿Te gusta cómo se siente esto en mi cuerpo?", dijo, pasando las manos por sus curvas. La tela crujía suave bajo sus dedos, húmeda y pegajosa. Me acerqué por detrás, mi erección presionando contra su culo a través de las lycras. El tacto era eléctrico: lycra contra lycra, resbaladiza, cálida. Olía a océano y a su excitación, ese musk dulce que subía desde su entrepierna.

La besé en el cuello, saboreando sal y piel suave. Ella gimió bajito, "Así, carnal, no pares", arqueando la espalda. Mis manos bajaron por sus pechos, apretando los pezones duros que se marcaban en la tela. Los froté en círculos, sintiendo su pulso acelerado bajo la lycra delgada. Ella giró, devorándome la boca: lengua caliente, jugosa, sabor a menta y sudor. Nuestras vergas –la mía tiesa, la suya insinuada– se rozaban, fricción deliciosa que nos hacía jadear.

La tumbé en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio contrastando con nuestra piel ardiente. Deslicé las manos por sus muslos, masajeando los músculos tensos del triatlón. "Quítamelo despacio", suplicó, ojos vidriosos de lujuria. Bajé la cremallera del speedo tri suit centímetro a centímetro, revelando su piel oliva, pezones rosados erectos, vientre plano con un piercing sutil en el ombligo. El traje se abrió como una flor, liberando su aroma: almizcle femenino, jugos calientes acumulándose. La tela se pegaba aún en su coño depilado, labios hinchados y húmedos asomando.

Me quité el mío de un tirón, verga saltando libre, venosa y palpitante. Ella la miró con hambre: "Qué rica verga, pendejo, ven". Me arrodillé entre sus piernas, inhalando profundo ese olor embriagador de excitación. Lamí su clítoris por encima de la lycra restante, tela áspera contra mi lengua, sabor salado-dulce filtrándose. Ella se retorcía, "¡Ay, cabrón, qué chido!", uñas clavándose en mis hombros, dejando marcas ardientes.

Despojé el traje por completo, ahora desnuda, piel brillando de sudor. La penetré lento, centímetro a centímetro, su coño apretado envolviéndome como guante caliente, jugoso. Gemí al sentir sus paredes contraerse, ritmo de cadera sincronizado con el nuestro. El slap-slap de carne contra carne llenaba la habitación, mezclado con sus "Más duro, Alex, rómpeme". Sudábamos a chorros, olores mezclados: sexo puro, mar, pasión mexicana desenfrenada. La volteé a cuatro patas, admirando su culo redondo, y embestí profundo, bolas golpeando su clítoris. Ella gritaba placer, "¡Sí, pinche semental!", mientras yo sentía el orgasmo subir como ola.

Cambié posiciones, ella encima, cabalgándome salvaje. Sus tetas rebotaban, pezones rozando mi pecho, sudor goteando en mi boca salado. Agarré sus nalgas, guiándola, sintiendo su ano apretado bajo mis dedos. El clímax nos golpeó juntos: ella convulsionando, coño ordeñándome chorros calientes, yo explotando dentro, semen llenándola en pulsos interminables. Gritos ahogados, temblores compartidos, el mundo reduciéndose a esa unión húmeda, pegajosa.

Colapsamos, enredados, respiraciones calmándose. El sol se ponía, tiñendo la habitación de naranja, brisa trayendo risas lejanas de la playa. Ella trazó círculos en mi pecho: "Neta, carnal, ese speedo tri suit nos unió como nada". Reí, besándola suave.

Esto no era solo un polvo post-carrera; era conexión, fuego que ardía hondo.
Nos duchamos juntos, agua caliente lavando fluidos, manos explorando tiernas. Salimos a la terraza, cervezas frías en mano, mirando el mar. Su cuerpo aún vibraba en mi memoria, el tacto del traje grabado en la piel. Mañana otra carrera, pero esta pasión, neta, era el verdadero triunfo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.