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XXX Trio de Culonas Ardientes

6048 palabras

XXX Trio de Culonas Ardientes

La noche en Polanco estaba chida de verdad, con las luces neón parpadeando como si invitaran a pecar. Yo, Alejandro, acababa de salir de una junta de trabajo en mi depa de soltero en la colonia, y decidí caerle a la fiesta del rooftop en el hotel de al lado. La música reggaetón retumbaba, el aire cargado de perfume caro y sudor fresco. Ahí las vi: Lupe y Carla, dos mamacitas con culazos que hipnotizaban. Sus jeans ajustados marcaban cada curva, rebotando al ritmo del dembow. Neta, mi verga dio un brinco al instante.

Me acerqué con una chela en la mano, sonriendo como pendejo.

Órale, wey, no seas menso, di algo chingón
, me dije. "Qué onda, reinas, ¿bailan o qué?" Lupe, la morena de pelo largo y labios carnosos, se giró con una risa que me erizó la piel. "¡Claro, guapo! ¿Te animas?" Carla, la güerita con tetas firmes y un tatuaje en la cadera que asomaba, me guiñó el ojo. Sus nalgas se apretaban contra mí mientras bailábamos, el calor de sus cuerpos filtrándose a través de la tela. Olía a vainilla y algo más, un aroma dulzón que me ponía la cabeza loca.

La tensión crecía con cada roce. Sus manos en mi pecho, mis dedos rozando accidentalmente esas nalgas redondas. "Eres un diablo", murmuró Lupe al oído, su aliento caliente como tequila. Carla se pegó por detrás, sus tetas aplastándose contra mi espalda.

Esto va a ser épico, carnal. Un XXX trio de culonas como sacado de porno
, pensé, mientras mi pulso se aceleraba. Terminamos la chela y nos fuimos a mi depa, riendo y tropezando en el elevador. La puerta apenas cerró y Lupe me besó, su lengua juguetona saboreando a ron y deseo.

En el sillón de cuero, las cosas escalaron. Carla se sentó a horcajadas en mis piernas, desabotonando mi camisa con dedos ansiosos. "Mira qué rico pecho, papacito", dijo, lamiendo mi cuello. El sabor salado de su piel me volvía loco cuando la besé. Lupe se quitó la blusa, revelando un sostén negro que apenas contenía sus chichis. Sus culos, ay Dios, cuando se pararon para bajarse los pantalones... redondos, firmes, brillando bajo la luz tenue. Peras perfectas, listas para morder.

Me arrodillé, besando el de Lupe primero. Su piel suave como terciopelo, oliendo a loción de coco. Ella gimió bajito, un sonido ronco que vibró en mi verga dura como piedra. "¡Ay, wey, qué chido!" Carla se unió, frotando su culazo contra mi cara. El aroma de su excitación, ese olor almizclado y dulce, me inundó. Las lamí por turnos, lengüeta trazando curvas, sintiendo cómo temblaban. Mis manos amasaban esa carne abundante, dedos hundiéndose en la suavidad.

No aguanto más, neta. Quiero follarlas ya
.

Pero ellas mandaban. Lupe me empujó al sillón y se subió encima, su panocha mojada rozando mi verga a través del bóxer. "Sácatela, pendejo caliente", ordenó con sonrisa pícara. Carla chupaba mis huevos, su boca caliente y húmeda, lengua girando como experta. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes. Lupe se bajó el tanga y se empaló despacio, centímetro a centímetro. ¡Qué apretada, qué caliente! Su culazo rebotaba contra mis muslos, plaf plaf, ritmo hipnótico. El sudor nos unía, resbaloso y salado al lamer su cuello.

Carla no se quedó atrás. Se trepó al respaldo, abriendo las piernas sobre mi cara. Su concha rosada, chorreando jugos que probé con avidez. Dulce como mango maduro, mezclado con su esencia. La chupé mientras Lupe cabalgaba, sus gemidos mezclándose en un coro sucio: "¡Chíngame más duro! ¡Sí, así, cabrón!" Mis caderas subían, embistiendo profundo. El cuarto olía a sexo puro, a piel sudada y fluidos. Sentía sus pulsos acelerados contra mí, pezones duros rozando mi pecho.

Cambiaron posiciones, escalando la intensidad. Carla ahora en cuatro, su culazo en pompa invitándome. "Dale, métemela toda". Entré de un empujón, sintiendo cómo me apretaba como guante. Lupe debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua en mis huevos y el clítoris de Carla. ¡Explosión de sensaciones! El slap de carne contra carne, gemidos ahogados, el crujir del sillón. Mis manos en esos culazos, abriéndolos, viendo cómo brillaban de sudor.

Esto es el paraíso, un XXX trio de culonas que me va a matar de placer
.

La tensión subía como volcán. Carla gritaba: "¡Me vengo, wey! ¡No pares!" Su concha se contrajo, ordeñándome, jugos chorreando por mis bolas. Lupe se masturbaba viéndonos, dedos hundidos en su panocha. La volteé, la puse a ella en cuatro al lado de Carla. Alternaba embestidas, verga resbalosa entrando y saliendo. Sus culos chocando, piel contra piel, roja por los azotes juguetones que les daba. "¡Más fuerte, mamacito! ¡Somos tus culonas!" Olía a ellas, a nosotos, a clímax cerca.

El pico llegó brutal. Lupe primero, arqueando la espalda, un aullido gutural mientras su cuerpo convulsionaba. "¡Ay, Diosito!" Carla la siguió, temblando como hoja. Yo no aguanté: saqué la verga y eyaculé sobre esos culazos gloriosos, chorros calientes pintándolos blancos. El placer me nubló la vista, piernas flojas, corazón latiendo como tambor.

Caímos en un enredo de cuerpos, respiraciones jadeantes llenando el silencio. Sus cabezas en mi pecho, manos acariciando perezosamente. "Neta, eso estuvo de lujo", susurró Lupe, besando mi hombro. Carla rio bajito: "Repetimos cuando quieras, rey". El aire aún pesado de nuestro aroma, piel pegajosa enfriándose.

Jamás olvidaré este XXX trio de culonas. Cambió mi noche, mi todo
.

Nos duchamos juntos después, jabón resbalando por curvas, risas y besos suaves. Salimos al balcón, chelas frías en mano, mirando las luces de la ciudad. No hubo promesas, solo esa conexión cruda, empoderadora. Ellas se fueron al amanecer, culazos meneándose en la puerta. Yo me quedé sonriendo, saboreando el afterglow, listo para lo que viniera.

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