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Un Solo Intento

7347 palabras

Un Solo Intento

El sol del atardecer en Puerto Vallarta te acaricia la piel como una promesa caliente, mientras caminas por la playa con la arena tibia colándose entre tus dedos. El aire huele a sal marina mezclada con el humo de las parrilladas lejanas, y el sonido de las olas rompiendo suave contra la orilla se funde con la música reggaetón que retumba desde un chiringuito cercano. Llevas ese vestido ligero de algodón que se pega un poco a tus curvas por la brisa húmeda, y sientes el pulso acelerado porque hace rato que notaste a ese wey mirándote desde la barra.

Él es alto, moreno, con una sonrisa pícara que dice "neta, quiero comerte con los ojos". Camisa blanca desabotonada hasta el pecho, mostrando un tatuaje tribal que brilla con sudor, y jeans ajustados que marcan lo que promete ser un paquete chingón. Te acercas por una cerveza fría, y cuando tus miradas chocan, sientes ese cosquilleo en el estómago, como mariposas cachondas revoloteando.

"Órale, güerita, ¿vienes a bailar o nomás a calentar el ambiente?"
te suelta con voz grave, ronca por el humo del cigarro que apaga en un cenicero improvisado. Su aliento sabe a tequila reposado cuando se inclina cerca, y el olor de su colonia fresca te invade, mezclándose con el salitre en tu nariz.

Tú ríes, juguetona, sintiendo el calor subir por tus muslos. ¿Por qué no? Solo una noche, un solo intento de soltar todo, piensas mientras tomas un trago largo de tu chela, el líquido helado bajando por tu garganta como un preludio fresco a lo que viene.

Acto uno: La chispa

Se llama Marco, un chavo de Guadalajara que trabaja en un resort por temporadas, con manos callosas de tanto cargar equipo de playa pero dedos largos que imaginas perfectos para explorar. Charlan de tonterías: el pinche calor que no deja dormir, las mejores taquerías de la zona, cómo el mar siempre pone cachondo. Cada roce accidental —su brazo contra el tuyo al pasarte la lima— envía chispas eléctricas por tu piel, y notas cómo sus ojos bajan a tus pechos que suben y bajan con tu respiración agitada.

Un solo intento, le dices en voz baja, mirándolo fijo.

"Dame one try, Marco. Solo one try para ver si me haces olvidar el mundo."
Él se queda quieto un segundo, sus pupilas dilatándose como si hubieras encendido un fuego. Neta, esta morra me va a matar, piensa él, pero tú lo lees en su mirada hambrienta.

La tensión crece mientras bailan pegados al ritmo del dembow. Sientes su erección dura presionando contra tu culo, el calor de su cuerpo envolviéndote como una manta ardiente. Sudor perla en su cuello, y cuando lo besas por primera vez, sabe a sal y tequila, su lengua invadiendo tu boca con urgencia juguetona, chupando tu labio inferior hasta que gimes bajito contra él. Tus pezones se endurecen bajo el vestido, rozando la tela áspera, y un hilo de humedad se desliza entre tus piernas.

Acto dos: La escalada

Terminan en su cabaña del resort, un lugar chido con vista al mar, iluminado por luces tenues que proyectan sombras danzantes en las paredes de madera. La puerta se cierra con un clic que suena como el inicio de algo inevitable, y él te empuja suave contra la pared, sus manos grandes subiendo por tus muslos, arrugando el vestido hasta la cintura. Su tacto es fuego puro, piensas, mientras sus dedos ásperos rozan la piel sensible detrás de tus rodillas, subiendo lento, torturándote.

"¿Estás segura de este one try, preciosa? Porque una vez que empiece, no paro hasta que grites mi nombre."
Su voz es un ronroneo grave, vibrando en tu pecho cuando te besa el cuello, mordisqueando la piel salada. Hueles su excitación, ese aroma almizclado de hombre caliente que te marea, y el tuyo propio, dulce y pegajoso, traicionándote.

Te quita el vestido de un tirón, dejándote en tanga y bra, y sus ojos te devoran: pechos llenos temblando, vientre plano con un piercing que brilla. Él se desnuda rápido, y chíngame, su verga erecta salta libre, gruesa y venosa, con la cabeza brillante de precum. La tocas primero, sintiendo el pulso fuerte bajo la piel suave, caliente como hierro forjado. Él gime, un sonido gutural que te eriza la piel, y te carga a la cama king size, las sábanas frescas contrastando con vuestros cuerpos ardiendo.

La escalada es lenta al principio, deliciosa. Sus labios recorren tus tetas, chupando un pezón hasta que duele de placer, la lengua girando en círculos húmedos mientras su mano baja a tu coño empapado. Introduce un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que te hace arquear la espalda. ¡Puta madre, qué bien se siente! gritas en tu mente, el sonido de tus jugos chorreando llenando la habitación, mezclado con sus gruñidos roncos. Él lame tu clítoris, succionando suave, el sabor salado-dulce de tu excitación en su boca mientras tú jalas su pelo, clavando uñas en su cuero cabelludo.

Pero quieres más. Lo volteas, montándolo a horcajadas, frotando tu raja mojada contra su polla dura.

"No seas pendejo, métemela ya. Este one try va a ser épico."
Él ríe, juguetón, y te penetra de un empujón lento, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Sientes cada vena pulsando dentro, llenándote hasta el fondo, y el roce contra tus paredes internas te arranca un gemido largo. Empiezas a cabalgar, tetas rebotando, piel chocando contra piel con palmadas húmedas, sudor goteando entre vuestros cuerpos.

La intensidad sube: él te agarra las caderas, clavando dedos en tu carne suave, embistiéndote desde abajo con fuerza controlada. Tus paredes se contraen alrededor de él, ordeñándolo, y el olor a sexo crudo impregna el aire —sudor, fluidos, piel caliente—. Gimes su nombre, Marco, sí, cabrón, así, mientras él te voltea a cuatro patas, follando profundo, sus bolas golpeando tu clítoris con cada estocada. El clímax se acerca como una ola gigante, tu corazón latiendo en oídos, músculos tensos, visión borrosa por el placer.

Acto tres: La liberación

Explotas primero, un orgasmo que te sacude entera: piernas temblando, coño convulsionando alrededor de su verga, chorros calientes salpicando las sábanas. Gritas, voz ronca,

"¡Me vengo, wey, no pares!"
Él te sigue segundos después, gruñendo como animal, llenándote con jetas calientes y espesas que sientes chorrear dentro, marcándote como suya en ese one try inolvidable.

Colapsan juntos, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes sincronizándose con el rumor del mar afuera. Su piel pegajosa contra la tuya, corazón latiendo fuerte bajo tu oreja, olor a semen y sudor envolviéndolos como un cobija íntima. Él te besa la frente, suave, mientras tú trazas círculos perezosos en su pecho tatuado.

¿Solo un intento? Neta, fue perfecto, piensas en el afterglow, con una sonrisa satisfecha curvando tus labios hinchados. No hay promesas, solo esa conexión cruda, empoderadora, que te deja flotando. Él susurra

"Mejor one try de mi vida, güerita."
Y tú sabes que, aunque sea solo eso, valió cada segundo de tensión ardiente.

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