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El Trío de Celine

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El Trío de Celine

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si el aire mismo te estuviera acariciando. Celine caminaba delante de mí, su vestido rojo ceñido marcando cada curva de su cuerpo, el aroma de su perfume de jazmín flotando hasta mis narices como una promesa. Yo, Diego, la seguía con el corazón latiéndome a mil, porque neta, esa chava siempre había sido un huracán de deseo. Habíamos hablado de fantasías durante meses, susurrándonos al oído en la cama, pero esta noche era diferente. El Celine Trio, lo había bautizado ella con una risa pícara esa misma tarde, mientras me mordisqueaba el lóbulo de la oreja. Tres cuerpos entrelazados, puro fuego mexicano.

Entramos al departamento de su carnal Pablo, un penthouse con vistas al skyline de la CDMX que brillaba como diamantes lejanos. Pablo nos recibió con una chela fría en la mano, su sonrisa de güey confiado iluminando la penumbra. Era alto, moreno, con tatuajes que asomaban por la camisa desabotonada, y Celine lo miró de esa forma que me ponía celoso y cachondo al mismo tiempo. Órale, carnales, ¿listos para el Celine Trio? dijo ella, quitándose los tacones con un movimiento lento que dejó ver sus piernas suaves y bronceadas.

Nos sentamos en el sofá de cuero negro, el sonido del jazz suave saliendo de los bocinas, mezclado con el tráfico lejano de Reforma. Celine se acomodó entre nosotros, su mano derecha en mi muslo, la izquierda rozando el de Pablo. Sentí el calor de su palma a través del pantalón, un cosquilleo que subió directo a mi verga. ¿Y si esto sale mal? ¿Y si Pablo es un pendejo que no sabe jugar? pensé, pero ella me miró con esos ojos verdes que decían confía en mí, Diego, esto va a ser chingón. Le di un trago a la chela, el amargor fresco calmando mi nerviosismo inicial.

La conversación fluyó como tequila reposado: risas sobre anécdotas de la uni, coqueteos sutiles. Celine se inclinó hacia Pablo, su escote revelando la curva de sus chichis perfectas, y le susurró algo que lo hizo reír. Luego se giró a mí, sus labios rozando los míos en un beso ligero, sabroso a menta y deseo. ¿Verdad que Pablo es guapo, amor? me dijo, su voz ronca. Asentí, el pulso acelerándose, porque ver su excitación por otro carnal me encendía como nada.

El beso se profundizó. Sus lenguas danzaron frente a mí, un espectáculo húmedo y sonoro que me dejó la boca seca. Pablo la tomó por la nuca, gentil pero firme, y ella gimió bajito, un sonido que vibró en mi pecho. Me uní, besando su cuello, oliendo su piel salada por el sudor del día. Sus manos bajaron a mis pantalones, desabrochándolos con maestría, mientras Pablo hacía lo mismo. Esto es real, carajo, el Celine Trio está pasando, pensé, el aire cargado de feromonas, ese olor almizclado de arousal que nos envolvía a los tres.

Siento sus dedos en mi piel, Diego tan familiar, Pablo tan nuevo y áspero. Quiero devorarlos a los dos, que me hagan suya hasta que olvide mi nombre.

Celine se puso de pie, dejando caer el vestido como una cascada roja. Quedó en lencería negra, tanga diminuta que apenas cubría su conchita depilada. Sus pezones duros se marcaban bajo el bra, invitándonos. Pablo y yo nos desvestimos rápido, vergas erectas apuntando al cielo, el mío palpitando con venas hinchadas, la de él gruesa y venosa. Ella se arrodilló entre nosotros, el suelo de madera fría contra sus rodillas. Tomó la mía primero, lamiendo la punta con la lengua plana, sabor salado de mi precum en su boca. Qué rica se ve, ¿verdad, carnal? le dije a Pablo, y él asintió, jadeando cuando ella pasó a la suya, chupándola profundo hasta la garganta.

La llevamos a la cama king size, sábanas de satén negro crujiendo bajo nuestros cuerpos. Pablo la besó mientras yo lamía sus chichis, mordisqueando los pezones rosados que se endurecían en mi boca. Ella arqueó la espalda, gimiendo ¡Sí, cabrones, así!, sus uñas clavándose en mis hombros. El olor de su excitación era embriagador, dulce y musgoso, haciendo que mi verga goteara. Deslicé la mano entre sus muslos, encontrándola empapada, la tanga hecha un estorbo. La arranqué, metiendo dos dedos en su calor resbaladizo. Tan apretada, tan mía y de él ahora.

Pablo se posicionó detrás, besando su espaldita mientras yo la penetraba con la lengua, saboreando su jugo ácido y dulce. Ella temblaba, empujando contra mi cara, el sonido de sus gemidos ahogados por los labios de Pablo. Quiero sus vergas adentro, ya, pendejos suplicó, y nos reímos, el momento ligero rompiendo la tensión. La puse a cuatro patas, yo debajo, mi verga hundiéndose en su coño chorreante. Cada embestida era un slap húmedo, su calor envolviéndome como terciopelo mojado. Pablo se acercó a su boca, y ella lo mamó con avidez, saliva goteando por su barbilla.

El ritmo se aceleró. Sudor perlando nuestras pieles, el slap-slap de carne contra carne, gemidos sincronizados como una sinfonía sucia. Cambiamos posiciones: Pablo la folló duro por atrás, sus bolas golpeando su clítoris, mientras yo la besaba, tragándome sus gritos. Siento su ano apretado contra mi dedo, tan prohibido y tentador, pensé, pero ella guió mi mano, pidiendo más. Introduje un dedo lubricado con su propio flujo, y ella explotó, convulsionando, ¡Me vengo, carajo, no paren!, chorros calientes empapando las sábanas.

La tensión crecía como una tormenta. Pablo gruñó, sacando su verga para no acabar aún, y Celine nos jaló a ambos, masturbándonos con manos expertas. Juntos, mis amores, el Celine Trio al máximo. Nos tendimos, ella cabalgándome mientras chupaba a Pablo, sus caderas girando en círculos que me volvían loco. El olor a sexo impregnaba la habitación, mezclado con el jazmín de su perfume ahora rancio por el sudor. Mi climax se acercaba, bolas tensas, verga hinchada al límite.

La volteamos, Pablo penetrándola analmente con cuidado, lubricante frío goteando, mientras yo volvía a su coño. Doble penetración, su cuerpo lleno, estirado al borde del placer. Gritó, un sonido gutural mexicano, ¡Chingada madre, qué rico, rómpanme!. Nuestros cuerpos se movían en unisono, piel resbaladiza chocando, pulsos latiendo al mismo ritmo. Ella se vino otra vez, apretándonos como un puño, y eso nos llevó al borde. Pablo eyaculó primero, gruñendo, llenándola por atrás con chorros calientes que sentí filtrarse. Yo seguí, descargando profundo en su coño, placer cegador, visión borrosa, gusto salado en la boca de tanto besarla.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Celine en el medio, besándonos alternadamente, su piel pegajosa contra la nuestra. El aire olía a semen, sudor y satisfacción. Fue perfecto, mi Celine Trio, no cambiaría nada, pensé, mientras ella trazaba círculos en mi pecho.

Nunca había sentido tanto poder, dos hombres rendidos a mí. Esto no es el fin, es el principio de más noches locas.

Pablo trajo chelas frías, brindamos con risas cansadas. ¿Repetimos, carnales? preguntó ella, ojos brillando. Asentimos, sabiendo que el Celine Trio había marcado un antes y un después. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero adentro, habíamos creado nuestro propio paraíso de carne y deseo.

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