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Trio Ardiente con Amiga y Novia

7068 palabras

Trio Ardiente con Amiga y Novia

Era una noche de esas que no se olvidan en la Condesa, con el aire cargado de jazmín y el bullicio lejano de la calle. Yo, Alex, estaba tirado en el sofá de mi depa, con Sofía recargada en mi pecho, su pelo negro cayéndole como cascada sobre mi piel. Olía a su perfume de vainilla, mezclado con el sudor ligero de la tarde calurosa. Frente a nosotras, Luna, la mejor amiga de Sofía desde la prepa, se reía a carcajadas con una chela en la mano. Las dos chavas eran puro fuego: Sofía con sus curvas perfectas y esa sonrisa pícara que me volvía loco, y Luna, más delgada pero con unas tetas que pedían a gritos ser tocadas, y un culo que se movía como en un video de reggaetón.

Neta, wey, ¿por qué no nos cuentas tus fantasías más cabronas? dijo Luna, guiñándome el ojo mientras se lamía los labios. Sofía se incorporó un poco, su mano rozando mi entrepierna por "accidente", y sentí cómo mi verga empezaba a despertar. Habíamos platicado antes de esto, de un trio amiga y novia, pero siempre en choro, como broma de borrachos. Esa noche, con el tequila fluyendo y la música de Bad Bunny retumbando bajito, todo se sentía posible.

La tensión crecía como el calor en mi pecho. Sofía me miró con esos ojos cafés que brillaban de deseo.

¿Y si lo hacemos de una vez, amor? Luna siempre ha dicho que te ve con ojos de querer comerte vivo.
Sus palabras me golpearon directo en las bolas. Luna se acercó, su aliento cálido con sabor a limón y tequila rozando mi oreja. ¿Qué dices, Alex? ¿Te animas a un trio con tu novia y su amiga más caliente?

Mi corazón latía como tamborazo en una fiesta. El olor de sus cuerpos se mezclaba: Sofía dulce, Luna más salvaje, como a coco y sudor fresco. Asentí, la boca seca, y las dos se lanzaron sobre mí como lobas hambrientas.

El sofá crujió bajo nuestro peso mientras Sofía me besaba con furia, su lengua danzando en mi boca, saboreando a sal y tequila. Luna no se quedó atrás; sus manos expertas desabotonaron mi playera, arañando mi pecho con uñas pintadas de rojo. Sentí el roce áspero de sus palmas contra mis pezones, enviando chispas directas a mi pija, que ya estaba dura como piedra. ¡Qué rica verga tienes, cabrón! murmuró Luna, bajando la cabeza para lamer mi cuello, su saliva tibia dejando un rastro húmedo que olía a menta de su chicle.

Sofía se quitó la blusa con un movimiento fluido, dejando ver sus chichis redondos y firmes, los pezones oscuros ya erectos. Los tomé en mis manos, amasándolos suave al principio, sintiendo su peso cálido, la textura suave como seda bajo mis dedos. Ella gimió bajito, un sonido ronco que vibró en mi alma.

Esto es lo que quería, amor... verte perder el control con nosotras dos.
Luna se desvistió también, su cuerpo delgado pero atlético brillando bajo la luz tenue de la lámpara. Su panocha depilada relucía ya húmeda, y el aroma almizclado de su excitación llenó el aire, mezclándose con el mío.

Nos movimos al piso, sobre una alfombra mullida que olía a limpio y a incienso de la mañana. Yo me puse de rodillas, besando el vientre de Sofía mientras Luna se recargaba en la pared, abriendo las piernas. Vente, Alex, prueba lo que tu novia tanto presume de su amiga. Me arrastré hacia ella, inhalando profundo ese olor embriagador de mujer cachonda. Mi lengua rozó sus labios mayores, suaves y hinchados, saboreando el néctar salado y dulce que brotaba. Luna jadeó, agarrándome el pelo, empujándome más adentro. ¡Órale, qué chido chupas, pendejo! Sus caderas se movían al ritmo de mi boca, el sonido húmedo de mi lengua lamiendo su clítoris llenando la habitación como música erótica.

Sofía no se quedó quieta. Se acercó por detrás, besando mi espalda, sus tetas presionando contra mí. Sus dedos bajaron a mi short, liberando mi verga palpitante. La tomó en su mano suave, masturbándome lento, el roce de su piel contra mi glande sensible haciéndome gruñir. Te sientes tan grande, amor... imagínate dentro de Luna mientras yo te chupo las bolas. El calor de su aliento en mis huevos me volvió loco; los lamió con devoción, succionando suave, el pop de su boca al soltarlos resonando en mis oídos.

La intensidad subía como fiebre. Cambiamos posiciones: Luna encima de mí, su coño caliente envolviéndome centímetro a centímetro. Sentí cada pliegue apretado, húmedo, tragándome entero. ¡Ay, wey, me vas a partir en dos con esa madre! gritó ella, cabalgándome con furia, sus nalgas chocando contra mis muslos en un slap slap rítmico y sudoroso. El olor a sexo puro nos rodeaba, pieles resbalosas pegándose y despegándose. Sofía se sentó en mi cara, su panocha chorreando sobre mi boca. Lamí con hambre, saboreando su jugo espeso, mientras ella se frotaba contra mi nariz, gimiendo alto: ¡Sí, así, chúpame rico mientras te cogen!

Esto es el paraíso, neta... mi novia y su amiga destrozándome de placer.
Mis manos exploraban todo: las caderas anchas de Luna subiendo y bajando, los muslos temblorosos de Sofía. El sudor nos unía, salado en mi lengua cada vez que besaba sus pieles. Luna aceleró, sus paredes internas contrayéndose alrededor de mi verga, ordeñándome. ¡Me vengo, cabrones! ¡No paren! Su orgasmo fue un terremoto: chillidos agudos, cuerpo convulsionando, chorros calientes mojando mis bolas.

Sofía se bajó, jadeante, y tomó el relevo. Me montó despacio al principio, girando las caderas en círculos hipnóticos, su interior más apretado y familiar. Luna se recostó a un lado, besando a Sofía con pasión lésbica, sus lenguas enredándose audiblemente, saliva brillando en sus labios. Yo embestí desde abajo, sintiendo el slap de mi pelvis contra su clítoris, el calor abrasador envolviéndome. ¡Qué rico se siente verte con ella, amor! Tu trio con amiga y novia es lo máximo. Las palabras de Sofía me empujaron al borde.

El clímax se acercaba como ola gigante. Luna metió dos dedos en el culo de Sofía, haciéndola gritar de placer doble. Yo no aguanté más: mi verga se hinchó, pulsando fuerte, y exploté dentro de Sofía, chorros calientes llenándola mientras ella se corría conmigo, sus uñas clavándose en mi pecho. ¡Sí, lléname, Alex! ¡Danos todo! Luna nos masturbó mutuamente en el afterglow, lamiendo el semen que goteaba de Sofía, su lengua ávida saboreando la mezcla nuestra.

Nos quedamos tirados en un enredo de piernas y brazos, el aire pesado con olor a semen, sudor y satisfacción. Sofía me besó suave, su aliento entrecortado. Te amo, pendejo... esto fue épico. Luna rio bajito, trazando círculos en mi pecho con su dedo.

Neta, un trio así con amiga y novia debería ser rutina.
El pulso se calmaba, pero el calor en mi piel perduraba, recordándonos que el deseo nunca se apaga del todo. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero adentro, habíamos creado nuestro propio mundo de placer infinito.

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