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El Trio Bisexual Twitter Ardiente

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El Trio Bisexual Twitter Ardiente

Todo empezó con un tuit inocente en Twitter. Yo, Ana, una morra bien prendida de veintiocho años, andaba scrolleando el timeline una noche calurosa en mi depa del Roma, en la Ciudad de México. El ventilador zumbaba como loco, pero el bochorno no se iba. Vi un post que me hizo stop: "Buscamos morro o morra bi para trio bisexual Twitter esta noche ¿quién se anima? DMs abiertos". Neta, mi corazón dio un brinco. Siempre había fantaseado con algo así, pero nunca me había lanzado. Mi cuerpo ya ardía solo de leerlo.

Le di like y mandé DM sin pensarlo dos veces. "Hola, soy Ana. Bi total y lista para lo que venga. ¿Dónde y cuándo?". La respuesta llegó en segundos: Luis y Sofía, una pareja chida de Coyoacán, veintitantos como yo, con fotos que gritaban sexo puro. Él, moreno, musculoso, con una sonrisa pícara; ella, rubia teñida, curvas de infarto, ojos que prometían travesuras. "Ven a nuestra casa en una hora. Trae ganas nomás". Órale, pensé, esto va en serio.

Me metí al baño, el vapor del regadero subía como niebla mientras me enjabonaba la piel. Sentí mis pezones endurecerse bajo el chorro caliente, imaginando sus manos. Me puse un vestido negro ajustado, sin calzones, solo para sentir el roce del aire en mi concha ya húmeda. El taxi me dejó frente a una casa moderna, luces tenues filtrándose por las cortinas. Toqué el timbre, el sonido ecoó como un latido acelerado.

Luis abrió la puerta, su colonia amaderada me golpeó de lleno, mezclada con un toque de sudor fresco. "Pasa, reina", dijo con voz grave, su mano rozando mi cintura. Adentro, Sofía estaba en el sofá, piernas cruzadas, un vaso de mezcal en la mano. "¡Al fin! El trio bisexual Twitter que soñamos", soltó ella riendo, levantándose para darme un beso en la boca que duró más de lo normal. Sus labios suaves, con sabor a tequila y miel, me hicieron temblar.

¿Esto está pasando de veras? Mi clítoris palpita como loco, y ni nos hemos tocado bien, pensé mientras nos sentábamos en el sillón mullido, el cuero pegándose a mis muslos.

Empezamos con pláticas sueltas, pero la tensión crecía como el calor de la noche. Luis nos sirvió tragos, su mirada devorándonos. "Cuéntanos, ¿qué te prende del trio bisexual Twitter?", preguntó Sofía, su mano ya en mi rodilla, subiendo despacito. Le conté mis fantasías: cuerpos enredados, lenguas explorando sin tabúes. Luis se acercó, su aliento cálido en mi cuello. "Nosotros también somos bi, neta. Queremos que seas parte".

El primer toque fue eléctrico. Sofía me besó de nuevo, esta vez profundo, su lengua danzando con la mía mientras Luis nos veía, frotándose por encima del pantalón. Sentí su verga endureciéndose contra mi cadera cuando se unió. Olía a deseo puro, ese aroma almizclado de piel caliente. Mis manos temblaban al desabrochar su camisa, revelando un pecho firme, velludo justo lo necesario. "Qué chingón estás", murmuré, lamiendo su pezón salado.

Nos movimos al cuarto, la cama king size nos esperaba con sábanas de satén negro. El aire estaba cargado de gemidos suaves y risas nerviosas. Sofía me quitó el vestido de un jalón, exponiendo mis chichis duras. "Mira qué rica", dijo Luis, arrodillándose para mamarme un pezón. El succionar era como fuego líquido, enviando chispas directo a mi entrepierna. Yo metí mano en el short de Sofía, encontrando su panocha empapada, resbalosa. "Estás chorreando, carnala", le dije, metiendo un dedo mientras ella jadeaba.

La cosa escaló chido. Luis se desnudó, su verga gruesa saltando libre, venosa y lista. La tomé en la boca, saboreando el precum salado, mientras Sofía se recargaba en la cabecera, abriéndose de piernas. "Ven, Ana, lame mi concha". Me arrastré, inhalando su olor dulce y fuerte, como frutas maduras. Mi lengua trazó círculos en su clítoris hinchado, escuchando sus ayyys roncos. Luis, detrás de mí, lamía mi culo, su barba raspando delicioso.

Neta, esto es el paraíso. Sus cuerpos contra el mío, sudados, resbalosos. Mi corazón late como tambor en festival.

El ritmo subió. Sofía se puso a cuatro, yo debajo lamiéndola mientras Luis me penetraba despacio. Su verga entraba gruesa, estirándome, el sonido húmedo de carne contra carne llenando la habitación. "¡Más duro, pendejo!", le grité juguetona, y él obedeció, embistiéndome con fuerza. Sofía giró, besándome, nuestras lenguas mezclando sabores de sexo. Luego cambiamos: yo encima de Luis, cabalgándolo, su verga hondo en mi panocha, mientras Sofía se sentaba en su cara, él lamiéndola voraz.

Sentía todo: el slap slap de mis nalgas contra sus muslos, el sudor goteando por mi espalda, el sabor de Sofía cuando me besó después de que Luis la hiciera venirse. "¡Me vengo, cabrones!", gritó ella, temblando, su jugo chorreando. Yo aceleré, mis paredes apretando la verga de Luis, el orgasmo construyéndose como ola gigante. "No pares", rogué, mis uñas clavándose en su pecho.

Pero queríamos más. Bi total, ¿no? Sofía se bajó y chupó la verga de Luis directo de mi concha, yo viéndola tragar hondo, saliva brillando. Luego, nos turnamos: yo mamando a Luis mientras Sofía metía dedos en mi culo, lubricado con su propia saliva. El placer era doble, triple. Luis gruñó: "Voy a explotar". Lo hicimos venir entre nosotras, su leche caliente salpicando chichis y caras, lamiéndonos mutuamente, saboreando el amargo cremoso.

Yo fui la última. Me recostaron, piernas abiertas, Luis chupándome la concha mientras Sofía mamaba mis pezones. Lenguas y dedos everywhere, mi clítoris explotando en pulsos. "¡Ayyyy, chingado!", chillé, arqueándome, el mundo blanco por segundos. Olas y olas, hasta que colapsé, jadeando.

Después, el afterglow fue puro amor. Nos enredamos en la cama, cuerpos pegajosos, riendo bajito. El olor a sexo impregnaba todo, mezclado con el jazmín del jardín que entraba por la ventana. Luis nos trajo agua fría, besándonos la frente. "El mejor trio bisexual Twitter ever", dijo Sofía, acurrucándose en mi hombro.

Esto no fue solo sexo, fue conexión. Sus almas rozando las mías en la oscuridad.

Horas después, en el taxi de regreso, mi cuerpo aún vibraba. Twitter me había dado más que un tuit: una noche de fuego eterno. ¿Repetimos? Claro que sí, carnales. La vida es para quemarse así.

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