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Probándote Lentes En Línea Desnuda

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Probándote Lentes En Línea Desnuda

Te sientas en tu sillón de la sala, con el ventilador zumbando bajito sobre ti, mientras el calor de la tarde mexicana te hace sudar un poquito la piel. Eres Ana, una chava de veintiocho pirulos, soltera y con ganas de algo nuevo en este pinche encierro. Tu compu está abierta en la página de una óptica en línea que promete try on glasses online, o sea, probarte lentes virtualmente con tu cámara. Neta, suena chido para distraerte un rato. Haces clic en el botón de "probar ahora" y la cámara se enciende, mostrando tu cara en la pantalla, con el pelo suelto y esa blusa holgada que deja ver un cachito de tu escote.

Eliges un par de lentes de marco negro, delgados y sexys, como los que usan las morras en las series gringas. Los arrastras a tu rostro virtual y ¡órale! Te ves cañona, misteriosa. El sitio te pide conectar con un asesor en vivo para ajustar el fit perfecto. Aceptas, pensando que será un wey aburrido vendiendo cristales. Pero cuando aparece la ventana de video, ¡madre mía! Ahí está él: Marco, un morro de unos treinta, con ojos cafés intensos, barba recortada y una sonrisa que te hace cosquillas en el estómago. Lleva una camisa blanca ajustada que marca sus hombros anchos, y su voz sale grave, con ese acento chilango puro.

¿Qué onda, preciosa? ¿En qué te ayudo con esos lentes? Dime, ¿qué estilo te late más?
dice, mirándote directo a los ojos a través de la cámara. Sientes un calorcito subiendo por tu cuello. Neta, no esperabas que el asesor fuera un galán.

Le contestas con una risita nerviosa: Pos, quiero unos que me hagan ver bien pendeja, pero sexy, ¿sabes? Él se ríe, un sonido ronco que vibra en tus audífonos. Empiezan a probar modelos: unos aviador que te dan look de aviadora fiera, otros redondos que te hacen intelectual cachonda. Cada vez que cambias, él comenta: Te quedan de muerte, Ana. Con esos ojos verdes, vas a volver locos a todos. Su mirada baja un segundo a tu escote, y tú sientes tus pezones endureciéndose contra la tela ligera de tu blusa.

La plática fluye como agua de coco en la playa. Le cuentas que estás en tu depa en la Roma, sola un fin de semana largo, y él confiesa que trabaja desde su casa en Coyoacán, con vista al parque. ¿Y qué haces para no aburrirte, mamacita? pregunta, y ahí empieza la tensión. Te muerdes el labio, el aire se siente más pesado, con olor a tu perfume de vainilla mezclado con el sudor leve de excitación.

Acto de escalada. Pasan de lentes a confesiones. La neta, estos lentes me prenden porque me imagino viéndote de cerca, sueltas sin pensarlo, y él se queda callado un segundo, sus pupilas dilatándose en la pantalla.

¿En serio? Pruébate estos rojos, a ver si te animas a algo más... atrevido.
Obedeces, y mientras ajustas el modelo virtual, sientes tus manos temblando un poco. El cuarto se calienta más, el ventilador no alcanza, y bajas el zoom de la cámara "por accidente", dejando que vea más de tu blusa desabotonada.

Marco se recarga en su silla, su camisa ahora con dos botones abiertos, mostrando un pecho moreno y suave. ¿Sabes qué? Esta try on glasses online se está poniendo interesante. ¿Quieres ver cómo me quedan a mí? Te dice juguetón. Aceptas, y él se pone unos lentes que lo hacen ver como profesor prohibido. La química explota: risas, coqueteos, y pronto, muéstrame más, susurras. Te quitas la blusa despacio, dejando solo tu bra de encaje negro. Tus tetas suben y bajan con la respiración agitada, la piel erizada por el aire fresco del ventilador.

Él gime bajito, un sonido gutural que te moja entre las piernas. Qué chingonas estás, Ana. Tócate para mí, wey. Tus dedos bajan por tu panza suave, sintiendo el calor de tu piel, el aroma almizclado de tu arousal subiendo. Te recuestas, abres las piernas frente a la cámara, y el lente enfoca tu tanga húmeda. Marco se desabrocha la camisa, revelando abdominales marcados, y baja la mano a su pantalón. Ves el bulto creciendo, y tu pulso se acelera como tambor en fiesta de pueblo.

La intensidad sube gradual. Te quitas el bra, pellizcas tus pezones rosados, duros como piedras, enviando chispas directas a tu clítoris.

¡Sí, así, métete los dedos, preciosa! Imagina que soy yo lamiéndote.
Su voz ronca te guía, y obedeces, deslizando dos dedos dentro de ti, resbalosos por tus jugos. El sonido húmedo se oye en el micrófono, mezclado con tus gemidos ahogados: ¡Ay, Marco, qué rico! Más rápido. Él se saca la verga, gruesa y venosa, palpitando en su puño. La ves bombeando, la punta brillando de pre-semen, y sientes envidia de tocarla.

El sudor perla tu frente, gotea entre tus senos, el olor a sexo llenando el aire. Tus caderas se mueven solas, frotando contra tu mano, mientras miras la pantalla: sus huevos tensos, su cara de placer puro, barba humedecida por el sudor. Me vengo pensando en ti, Ana, en follarte con estos lentes puestos. La tensión psychological te aprieta el pecho, recuerdos de amantes pasados palidecen ante esta conexión virtual tan real.

Pequeñas pausas para respirar, para decirte eres la más rica que he visto en esta chamba, y sigues, metiendo un dedo más, curvándolo contra tu punto G. El placer crece en olas, tu clítoris hinchado frotándose con el pulgar. Él acelera, gruñendo como toro, y de pronto: ¡Me vengo! Chorros blancos salpican su mano, su abdomen, y el sonido de su clímax te empuja al borde. Tu orgasmo explota, piernas temblando, paredes internas contrayéndose alrededor de tus dedos, un grito largo escapando de tu garganta: ¡Sí, cabrón, sí! El mundo se nubla en blanco, pulsos retumbando en tus oídos, jugos chorreando por tus muslos.

El afterglow llega suave. Te quedas jadeando, piel brillante de sudor, el ventilador secando las gotas frías en tu cuerpo. Marco se limpia, sonriendo perezoso. Qué chido fue eso, ¿verdad? Neta, tenemos que repetir en persona. Intercambian números, prometen una cita en su casa con los lentes reales puestos. Cierras la laptop, el cuarto ahora huele a vainilla y sexo, tu cuerpo pesado de satisfacción. Te estiras, sintiendo cada músculo relajado, una sonrisa tonta en la cara.

Quién iba a decir que probarse lentes en línea me iba a dejar así de satisfecha. Mañana pido cita... y esos lentes rojos.
Piensas, mientras te pones una bata ligera y vas por un mezcal helado. La noche cae sobre la ciudad, luces de la Roma parpadeando afuera, y sientes un cosquilleo de anticipación por lo que viene. Esta aventura online acaba de abrir puertas que no sabías que existían, y todo con puro consentimiento y fuego mutuo.

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