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La Tri del Deseo

6143 palabras

La Tri del Deseo

Imagina que estás en una villa frente al mar en Puerto Vallarta, el sol del atardecer tiñe el cielo de naranja y rosa, mientras el sonido de las olas rompiendo contra la arena te envuelve como una caricia. Tú eres Carla, una morra de veintiocho años, con curvas que vuelven locos a los weyes y una curiosidad que te ha estado picando por meses. Has venido de vacaciones sola, buscando algo más que cocktails y bronceado. El aire huele a sal, coco y ese toque ahumado de la parrillada que armaron en la playa.

Ahí las conoces. Sofia, tu amiga de la uni, con su pelo negro largo y ondulado, ojos verdes que hipnotizan y un cuerpo atlético de tanto surfear. Al lado de ella, Marco, su carnal, alto, moreno, con tatuajes que serpentean por sus brazos y una sonrisa pícara que promete problemas del bueno. Están riendo, bebiendo micheladas, y Sofia te jala de la mano.

¡Órale, Carla! ¡Ven pa'cá, neta que te extrañamos! dice ella, abrazándote fuerte. Su piel está tibia del sol, huele a protector solar y algo más, un perfume dulce que te hace cosquillas en la nariz. Marco te mira de arriba abajo, sin disimulo, y su voz grave retumba: Estás más rica que nunca, carnala. ¿Qué pedo, vienes a rompernos el corazón?

Te sientas con ellos en la arena, la arena tibia se te mete entre los dedos de los pies. Hablan de todo y nada, pero sientes la electricidad. Sofia te cuenta de la tri, su jueguito privado con Marco. Es lo máximo, wey. Tres cuerpos enredados, puro placer sin rollos. ¿Quieres unirte esta noche? Neta, sería épico contigo. Tu corazón late más rápido, el pulso en tu cuello vibra. Piensas en tus fantasías solitarias en la regadera, el agua caliente corriendo por tu piel mientras imaginas manos extras explorándote.

¿Y si digo que sí? ¿Me atrevo?
El tequila baja dulce y ardiente por tu garganta, aflojándote las inhibiciones.

La noche cae como un manto estrellado, y terminan en la villa de ellos, un lugar chido con piscina infinita y vistas al Pacífico. Luces tenues, música suave de cumbia rebajada flotando en el aire. Sofia te ofrece un shot de mezcal, el humo del gusano te quema la lengua. Relájate, mi amor, murmura Marco, sentándose detrás de ti en el sofá de mimbre. Sus manos grandes te masajean los hombros, firmes pero suaves, deshaciendo nudos que ni sabías que tenías. Sientes su aliento cálido en tu oreja, oliendo a menta y deseo.

Sofia se arrodilla frente a ti, sus dedos recorren tus muslos desnudos bajo el vestido corto. Estás temblando, ¿eh? Pero de gusto, ¿verdad? Asientes, la boca seca. Ella sube el vestido despacio, revelando tu tanga de encaje negro. El roce de sus uñas te eriza la piel. Marco besa tu cuello, mordisqueando suave, mientras sus manos bajan a tus pechos, amasándolos con maestría. Qué chingonas tetas tienes, Carla, gruñe. El calor entre tus piernas crece, húmedo, insistente. Cierras los ojos, inhalas su aroma mezclado: sudor limpio, perfume y esa esencia almizclada de excitación que llena la habitación.

Te quitan el vestido como si fuera papel de regalo, sus bocas por todos lados. Sofia lame tu ombligo, bajando lento, torturándote. Marco te chupa los pezones, duros como piedras, enviando descargas directas a tu clítoris. ¡Ay, cabrón! ¡No pares! gimes, arqueando la espalda. Tus manos se enredan en el pelo de Sofia, guiándola. Ella llega a tu centro, sopla suave sobre la tela húmeda antes de quitártela. Su lengua toca tu sexo, plana y caliente, saboreándote como si fueras el mejor postre. Mmm, estás deliciosa, tan dulce y salada, dice entre lamidas. Marco se desnuda, su verga erecta salta libre, gruesa y venosa, palpitando. Te la ofrece, y la tomas en la mano, sintiendo el calor, la suavidad de la piel sobre el acero debajo.

El ritmo sube. Te mueven a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra tu piel ardiente. Sofia se quita la ropa, revelando pezones oscuros y un coño depilado que brilla de anticipación. Marco la penetra primero desde atrás, mientras ella te come con avidez. Ves cómo su cuerpo se mueve, oyes los plaf plaf de piel contra piel, sus gemidos roncos.

Esto es la tri, puro fuego
, piensas, mientras tus caderas se menean contra la boca de ella. El olor a sexo impregna el aire, espeso, adictivo.

Cambian posiciones como en una coreografía perfecta. Tú encima de Marco, su verga te llena centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. ¡Qué apretadita estás, wey! ¡Me vas a hacer venir ya! jadea él, agarrando tus nalgas. Sofia se sienta en su cara, él la lame mientras tú cabalgas, el vaivén haciendo que tus pechos reboten. Sus jugos corren por la barbilla de Marco, y tú los pruebas besándola, lenguas danzando con sabor a ella misma. Tus uñas se clavan en sus hombros, el sudor perla tu frente, gotea entre tus senos. El sonido de la cama crujiendo, olas lejanas, respiraciones entrecortadas: todo se funde en una sinfonía de placer.

La tensión crece, un nudo apretado en tu vientre. Sofia se frota contra tu clítoris mientras Marco te bombea más duro, sus bolas golpeando tu culo. ¡Ven conmigo, Carla! ¡Dame todo! grita ella. El orgasmo te arrasa como una ola gigante, contracciones violentas ordeñando la polla de Marco. Él gruñe profundo, llenándote con chorros calientes que sientes palpitar dentro. Sofia tiembla encima, su grito agudo perfora la noche mientras se corre en la boca de él.

Colapsan los tres, un enredo de piernas y brazos sudorosos. El aire acondicionado refresca tu piel febril, el corazón martillea en tu pecho. Sofia te besa suave, ¿Ves? La tri es lo mejor. Marco acaricia tu pelo, Eres increíble, carnala. Yaces ahí, saboreando el afterglow, el cuerpo lánguido y satisfecho. Piensas en cómo esta noche cambió todo, despertó algo salvaje en ti. El mar susurra afuera, prometiendo más aventuras. Duermes entre ellos, envuelta en calor humano, con una sonrisa que no se borra.

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