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Noche Ardiente en el Disco El Tri Sinfonico

6369 palabras

Noche Ardiente en el Disco El Tri Sinfonico

Entré al Disco El Tri Sinfonico con el corazón latiéndome a todo lo que daba, el aire cargado de ese olor a cerveza fría mezclada con perfume barato y sudor fresco. Las luces estroboscópicas parpadeaban como relámpagos morados y rojos, iluminando la multitud que se movía al ritmo de las guitarras sinfónicas de El Tri, amplificadas por cuerdas y metales que hacían vibrar el piso bajo mis tacones. Neta, era una noche de esas que prometen desmadre chido. Yo, con mi vestido negro ajustado que me marcaba las curvas justito, me sentía la reina del pedo. Mis amigas gritaban emocionadas, pero yo ya andaba en mi rollo, escaneando el lugar con la mirada.

Ahí lo vi. Alto, moreno, con playera negra pegada al pecho por el calor, bailando solo pero con una onda que te hacía querer pegarte. Sus ojos se cruzaron con los míos en medio del caos sonoro, y ¡pum! sentí un cosquilleo en la panza. Me sonrió con esa dentadura blanca que brillaba bajo las luces, y yo le devolví la sonrisa, mordiéndome el labio sin pensarlo. El Tri tronaba con "Abuso de Autoridad", la voz de Alex Lora retumbando como trueno, y el sinfónico le daba un toque épico, orquesta completa haciendo que el bajo me retumbara en el pecho, bajito en la entrepierna.

Me acerqué a la barra, pidiendo un michelada helada que me bajó el calor de la cara. Él se aproximó, oliendo a colonia masculina y cigarro, ese aroma que te pone a mil. "

¿Qué onda, preciosa? ¿Vienes a romperla con El Tri sinfónico?
" dijo con voz ronca, cubriendo el ruido. Le contesté: "
Neta que sí, carnal. Esta música me prende cañón.
" Nos pusimos a platicar a gritos, él se llamaba Marco, treintoncientos años bien puestos, mecánico de motos con tatuajes que asomaban por las mangas. Yo, Laura, contadora de día, fiestera de noche. La química era pura dinamita.

El deseo empezó chiquito, como una chispa. Bailamos pegaditos cuando sonó "Triste Canción de Amor", la sinfónica envolviendo las notas con violines que gemían como amantes. Su mano en mi cintura, firme pero suave, y yo sintiendo el calor de su palma a través de la tela. Mi piel se erizó, el sudor nos unía, resbaloso y caliente. Olía su cuello, salado, con un toque de jabón. Qué rico, pendejo, me estás volviendo loca, pensé mientras me pegaba más, mi nalga rozando su paquete que ya se notaba duro contra mí.

La tensión subía con cada canción. En "Piedras Rodantes", el ritmo se aceleró, y sus caderas contra las mías, girando, frotando. Sentí su aliento en mi oreja: "

Estás cañona, Laura. Me traes bien puesto.
" Le mordí el lóbulo suave, saboreando su piel salada, y susurré: "
Ven, vamos a un lado, no aguanto más.
" Nos escabullimos a un pasillo oscuro del Disco El Tri Sinfonico, donde el eco de la música seguía latiendo como un corazón acelerado. Sus labios cayeron sobre los míos, urgentes, lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y menta. Gemí bajito, mis manos en su pelo revuelto, tirando suave.

Me empujó contra la pared fría, contrastando con su cuerpo ardiente. Sus dedos bajaron mi vestido por un hombro, exponiendo mi teta, el pezón ya tieso como piedra. Lo chupó con hambre, lamidas húmedas que me hicieron arquear la espalda. ¡Ay, cabrón, qué chido! El sonido de succión mezclado con la batería lejana, mi concha palpitando, mojada ya, empapando mis calzones. Le bajé el cierre, saqué su verga gruesa, venosa, caliente en mi mano. La apreté, masturbándolo lento, sintiendo cómo latía, pre-semen untándose en mis dedos resbalosos.

Pero queríamos más. "

Vámonos de aquí,
" jadeó él, y salimos al estacionamiento, su camioneta pick-up negra esperándonos. Adentro, olía a cuero nuevo y su esencia. Nos desvestimos a la luz de la luna filtrada por las nubes, piel contra piel, sudor uniéndonos. Besos por todo el cuerpo: él lamiendo mi ombligo, bajando a mi monte de Venus, inhalando mi aroma almizclado de excitación.
Es tuya, Marco, hazme tuya,
pensé mientras abría las piernas.

Su lengua en mi clítoris, círculos lentos al principio, luego rápidos, chupando mi botón hinchado. Gemí fuerte, "

¡Sí, así, no pares, pendejito!
" Mis jugos en su boca, él bebiéndome como sediento. Introdujo dos dedos, curvándolos, tocando ese punto que me hace ver estrellas. El orgasmo vino en oleadas, mi cuerpo temblando, piernas apretando su cabeza, grito ahogado contra el respaldo.

Ahora yo. Lo empujé de espaldas, montándome a horcajadas. Su verga erguida, cabeza roja brillante. La froté contra mi raja húmeda, lubricándola, antes de empalarme despacio. ¡Qué llenadera, tan gruesa! Empecé a cabalgar, tetas rebotando, sus manos amasándolas, pellizcando pezones. El sonido de carne contra carne, chapoteo húmedo, nuestros jadeos mezclados con el eco distante de El Tri. Sudor goteando de su frente a mi pecho, salado al lamerlo.

Aceleré, sintiendo su grosor estirándome, rozando paredes sensibles. Él embistió desde abajo, "

¡Qué rica panocha, Laura, apriétame!
" Gruñí, clavando uñas en su pecho tatuado. La tensión creció, cojeando en mi vientre, su verga hinchándose más. "
Me vengo, cabrón,
" avisé, y exploté otra vez, contracciones ordeñándolo. Él rugió, llenándome con chorros calientes, profundo, nuestro clímax sincronizado en éxtasis puro.

Nos quedamos así, jadeantes, abrazados en el asiento angosto. Su semen chorreando de mí, pegajoso en mis muslos. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. Olía a sexo, a nosotros, mezcla embriagadora. "

Eres increíble,
" murmuró, acariciando mi espalda. Yo sonreí, besando su hombro. Neta, esta noche en el Disco El Tri Sinfonico fue la buena.

Salimos despacio, vistiéndonos con manos temblorosas. Caminamos de regreso, tomados de la mano, la música aún sonando adentro como promesa de más noches. En mi mente, el ritmo sinfónico latía igual que mi pulso saciado, un recuerdo que me haría mojarme sola recordándolo. Marco me dio su número, "

¿Repetimos, reina?
" Claro que sí. La vida es para quemarla así, con fuego puro.

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