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Paula es una mujer muy caliente con ganas de tener mucho sexo. Esta casada con un camionero que se va de su casa por varios días porque su trabajo se lo demanda, dejando a su mujer sola.
Cuando Paula se aburre, se desnuda por plata en Internet, ella se gana unos buenos mangos y además se permite hablar con varios hombres a la vez, algo que la vuelve loca. En casa, con su marido Jorge es una señora fiel y servil, pero cuando ese sacrificado camionero cruza la puerta de su casa para subirse a su camión, Paula se transforma en toda una zorra para todo aquel que ella invite a su casa, ni hablar cuando Paulita hace un chat hot en vivo con vídeo cam.
Una de esas tantas noches en las que Paula se sentía sola y aburrida, se le ocurrió contactar por chat privado a uno de sus amigos, con el cual se contaban muchas intimidades, para invitarlo a que venga a su casa porque su marido no estaba y se sentía solita y con miedo. Su invitado, sin mediar más palabras, tomó su auto y se fue rapidamente hasta la casa de ella, que lo esperaba vestida para la ocación y con mucha calentura.
Paula se había puesto una pollerita de transparencia de color rosado que le dejaba ver todo el culo. Le gustaba posar y sacarse selfies dejandose ver toda de atrás, con la tanga bien apretada. ¡La muy zorra le mete los cuernos a su marido Jorge con varios a la vez!
Uno de los chongos de su preferencia era un viejo amigo de Jorge, que la invitó a cenar un par de veces con la futura promesa de que iría a su casa a tomar o comer algo después de su trabajo. Él se llamaba Martín y desde que la conoció la deseó entre sus piernas, entre sus ojos, entre sus sabanas. “El flaco”, como le decían en el barrio, quería cogerse a la mujer de su amigo Jorge. Es que por cierto, Paula lo miró de reojo desde aquel día que se conocieron. Los hombres que la conocían no dejaban de admirar semejante hembra. Le dedicaban algunos piropos, pero practicamente todos eran obsenidades, salvo algún enamorado de la Internet que le prometía amor eterno.
Por fin había llegado Martín al departamento de Paula y Jorge, a él no le dio ningún remodimiento cuando la vió a su amante con poca ropa, al contrario se acercó aún más a ella y puso sus manos sobre sus hermosas y morenas nalgas. Ella buscaba la boca de él para sentir como las dos lenguas se entrelazan una con la otra, sus apasionados besos unían sus salivas y sus alientos también se hacían uno.
Ella estaba en la cocina cuando Martín entró y lo primero que hizo él, después de ese largo beso, fue chuparle toda esa húmeda conchita, que lamió por un buen rato. La lengua de él repasaba cada centimetro de la cálida vulva de Paula, que gemía cada vez que su amante le soboreaba su vagina. Cada vez que lo hacía, esta ninfomana ama de casa inclinaba ese precioso culito, succionando encantada la pija de Martín y ensalivando todo su falo bien erecto.
Paulita le estaba haciendo un buen pete al mejor amigo de su marido, y a su vez este le comía la concha. En un abrir y cerrar de ojos Martín la empezó a penetrar despacio hasta que las paredes vaginales de Paula se lubricaron con cada embestida del pene de su amigo. Siguieron así por varios minutos en las posiciones más osadas, ambos gozaban mirandose como jugaban de trampa sin que sus respectivas parejas lo supieran. Cuando están a punto de acabar, Martín saca su pija de la concha de su amada y le acaba en su carita de zorra, ante la mirada de ella perdida en él.
Paula no tenía ningún remordimiento de los cuernos que le estaba metiendo a su esposo con todos los chongos que a ella le gustaban, mientras él seguía manejando su camión y quizas traicionando a esta hermosa morocha.
Autor: Martin